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El día que una moto cruzó bajo el río Katherine

El día que una moto cruzó bajo el río Katherine
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Hoy os traigo una de esas aventuras que da gusto encontrar. Porque hay que reconocer que las mejores historias surgen siempre después de la mítica frase “A que no hay huev...” seguida en muchas ocasiones de otra no menos conocida “Sujétame la cerveza”.

No sé exactamente en que fecha ocurrió lo que os voy a contar, pero tiene toda la pinta de ser entre 1975 y 1980 aproximadamente, a juzgar por la ropa de la gente que se puede ver en las fotos. Y es que aunque hemos visto motos sobre el agua, no en muchas ocasiones las hemos visto rodando bajo un río, en este caso el río Katherine (Australia).

Así por lo tanto nos trasladamos a un taller de motos donde varios colegas se juntaban para poner a punto sus motos. Hasta aquí todo normal. Pero entre arranques en frío y acelerones varios apareció por allí una tal Sylvia Wolfe, que intentaba por todos los medios trabajar en el Pinetree Motel situado justo en la parte trasera del local.

Curiosamente esta mujer era la organizadora del Carnaval de Katherine y les propuso que porque no hacían algo más productivo como pensar en alguna actividad que pudiese entretener a los asistentes al festival que se iba a celebrar en unos meses. No se sabe si por valentía o exceso de confianza pero Lofty Evans soltó un:”podíamos cruzar el río con una moto”. Y ya estaba liada.

Un submarinista, una Yamaha TY250D y muchas pruebas

John Pfitzner Underwater3

Lo primero que había que conseguir era una moto para poder utilizarla. En el local había numerosos modelos de todas las marcas pero ninguno de sus amigos iba a dejar la suya como conejillo de indias. Sin embargo, Hans Van Santen, dueño del concesionario Darwin Yamaha dijo que tenía una** Yamaha TY250D** nuevecita en la tienta. Dicho y hecho. Un viaje rápido a la tienda y vuelta con la moto al taller para empezar a trabajar con ella.

Era el momento de pensar en como conseguir que el aire siguiese llegando al motor y que además los gases de escape pudiesen salir fuera del nivel del agua. También había que sellar todas las partes eléctricas y, lo más importante, buscar a alguien que llevase la moto pues la profundidad del río era de más de cuatro metros y era imprescindible ir con botella de oxígeno a la espalda. El elegido fue John Pfitzner.

Otro tema muy importante era el combustible. En un momento de lucidez, Evans cogió algunas de sus reservas de gasolina de competición, la mezclo con agua, agitó enérgicamente y luego separó el combustible. Separó el agua y mojo la bujía en el residuo resultante. Dio chispa a la bujía y el residuo ardió enérgicamente así que ya tenía la mezcla apropiada pero había que probarlo en el motor.

Añadió un litro de ese mejunje en el motor y le dio una patada para arrancarlo. Y se puso en marcha, pero sin ralentí por lo que aceleró el motor y este de repente empezó a subir de vueltas hasta el corte. Momento de pánico al que siguió rápidamente la desconexión de la bujía y del magneto, pero nada, el motor seguía autocombustionando y no se paraba.

John Fitzner Underwater2

Finalmente tapó con la mano el largo tubo que llegaba hasta la admisión del carburador y se detuvo. Eso sí, el moratón que le dejó el tubo de seis metros de largo y la aspiración creada por el motor le duró en la palma cinco días. Y por supuesto, hubo que cambiar el pistón, segmentos, etc.

Era hora de hacer una prueba real, pero no en el río. Demasiado frío todavía así que el lugar elegido fue la piscina del Motel donde trabajaba Sylvia. Un éxito porque la moto funcionó debajo del agua sin problemas, pero la piscina no lo pasó tan bien y la limpieza para quitar todos los residuos que dejó ese periplo subacuático llevó un par de semanas.

Llegaba el momento de la verdad en el río Katherine. Con todo listo, John Pfitzner se metió en el agua asistido por el propio Lofty Evans, que era quien sujetaba y mantenía a flote los tubos de aspiración y escape. Pero algo con lo que no contaban es que la presión que ejerce el agua a cuatro metros es el doble que a dos metros, y el agua se les filtró en el motor por el cable del acelerador.

Y por otro lado, dar patadas a la palanca de arranque debajo del agua y que esta coja compresión y que te la devuelva, no sólo hace daño sino que con la flotabilidad acabas dando una voltereta por encima del manillar.

Pero funcionó, y además pudo recorrer un buen trecho bajo el agua del río Katherine hasta que se dio de bruces con una lavadora que alguien había arrojado al fondo del río. El motor se paró y ya no hubo manera de arrancarlo. Pero el público lo pasó genial, que era lo que se buscaba.

Pero la historia no acaba aquí sino que al año siguiente lo volvieron a intentar. Ya iban con la lección aprendida y por lo tanto no tuvieron mayores problemas. Bueno, excepto la meseta de dos metros de alto al otro lado del río y por la cual era imposible trepar sin ayuda de la gente. Pero la hubo y completaron el recorrido.

Y posteriormente lo rubricaron ya que se volvió a meter en el agua y el público estallaba en aplausos cuando John Pfitzner salía tranquilamente a través del banco de arena por el que minutos antes se había sumergido en el agua. Y además con la presencia de jurados del Libro Guinness de los Récords, donde inscribieron su nombre como los primeros en cruzar un río bajo el agua y en moto.

Vía | Crossing the Katherine River

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