Mitsubishi fue la quinta marca de motos japonesa, aunque su único gran invento fue un scooter con bazooka

A alguien se le ocurrió ir un paso más allá con el Mitsubishi Silver Pigeon: un ciclomotor al que le atravesaron un lanzacohetes de 75 mm por el centro

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John Fernández

Cuando hablamos de scooters armados, la Vespa 150 TAP francesa siempre se lleva la gloria. Ese invento loco de los años ‘50, con un lanzacohetes antitanque colgado en un lateral, se convirtió en icono de lo absurdo y en meme antes de que existieran los memes.

Pero resulta que no estaba sola: Mitsubishi también tuvo su propia versión en Taiwán, y era todavía más radical. Tanto, que el piloto iba sentado literalmente encima del cañón.

Un scooter convertido en arma: así nació el Mitsubishi Silver Pigeon lanzacohetes

La historia arranca a finales de los años ‘40, cuando Estados Unidos entrega a la República de China (Taiwán) los planos del M20, un rifle sin retroceso de 75 mm. Los taiwaneses lo copian como Type 40 en su arsenal, y en algún despacho alguien debió pensar: “Si los franceses han puesto uno en una Vespa, ¿por qué no hacerlo en un Mitsubishi Silver Pigeon?”.

Dicho y hecho: cogieron el scooter japonés más común de la época, lo vaciaron por dentro y atravesaron el chasis con un enorme tubo lanzacohetes.

El resultado fue un ciclomotor que de lejos parecía inocente, pero que en realidad escondía un arma antiblindados bajo el asiento. Llevaba espacio para cargar entre dos y cuatro proyectiles extra, lo que suena a inventario de videojuego más que a dotación militar real.

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La imagen no podía ser más surrealista: un soldado en traje de faena, montado sobre un scooter diminuto, con un cañón de 75 mm saliéndole entre las rodillas.

Claro, sobre el papel era ingenioso. En la práctica, un desastre. El arma requería proximidad con el objetivo, lo que obligaba al motorista a acercarse demasiado a un tanque enemigo montado en algo tan frágil como un ciclomotor. La precisión brillaba por su ausencia, porque apuntar un lanzacohetes sentado encima de él es tan difícil como parece. Y aunque era “sin retroceso”, la maniobra seguía siendo todo menos estable. Vamos, que ni con mucha fe y mucho café expreso ibas a acertar disparando desde un scooter.

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El Mitsubishi Silver Pigeon lanzacohetes tuvo una breve carrera en el ejército taiwanés antes de desaparecer discretamente por su ineficacia. Pero dejó tras de sí una estampa inolvidable: la de un scooter convertido en plataforma de guerra, prueba de que en el siglo XX cualquier cosa con ruedas podía acabar militarizada si había un soldador y un arsenal cerca.

Hoy comparte espacio con la Vespa 150 TAP en ese selecto club de scooters bélicos que parecen sacados de un cómic, más divertidos de contar que de utilizar. Porque una cosa es rodar por Roma buscando un café, y otra muy distinta intentar tumbar un tanque montado en un Silver Pigeon.

Imágenes | Mitsubishi

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