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La moto en Afganistán, porque no todo el mundo la usa para coger curvas

La moto en Afganistán, porque no todo el mundo la usa para coger curvas
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Hoy me vais a permitir que me ponga un poquito serio. Y es que no todos le damos el mismo uso a la moto, obviamente. Así, estamos acostumbrados en nuestro país a verla usada como medio de transporte habitual, como instrumento de trabajo propiamente dicho o, como en mi caso, por la simple satisfacción que ésta nos produce en las escapadas de fin de semana, haciéndonos disfrutar con cada kilómetro recorrido. Pero en otros países, estos usos son en ocasiones distintos, y en ocasiones parecidos pero con muchos matices. Es el caso de Afganistán, país donde la moto tiene una especial importancia.

No hace falta que os diga la situación actual por la que atraviesa Afganistán desde luego, y ciertamente lleva más de tres décadas en las que la palabra paz apenas se nombra. Así las cosas, el otro día tuve la suerte de tener una interesante conversación durante una cena. Y es que un conocido mío acaba de regresar de dicho país (ya os podéis imaginar en calidad de qué ha estado allí), y como sabe muy bien de mi locura por las motos, acabó saliendo el tema de cómo viven la moto en Afganistán, si es que allí se puede vivir algo… En fin, que todo esto ha despertado mi interés, y de la charla, junto con un poquito de echar un vistazo por ahí, se descubren cosas más que interesantes.

La población afgana tiene a la moto como su principal medio de transporte. Y es que el lamentable estado de las comunicaciones en dicho país, hacen que la moto sea la única manera de llegar a zonas totalmente impracticables. De hecho, con ellas acceden a lugares sólo al alcance de las cabras. Ni que decir tiene, que con este panorama, la elección de las dos ruedas sea casi obligatoria.

A la dificultad para circular por esas carreteras, se une el hecho de que el mantenimiento de la moto es mucho más asequible para un país tan pobre como el afgano, donde se puede adquirir una por unos cuatrocientos euros aproximadamente. Así, la marca estrella del país es Honda, pero ojo, porque en la mayoría de las ocasiones no son más que imitaciones llegadas de China y Corea, que las importan con otros nombres, como Lifan o Caspian. También se encuentran las Honda propiamente dichas, pero éstas están casi siempre en posesión de los talibanes, símbolo del poder que ejercen en la zona.

Afganistán

Pero sigamos con los ciudadanos de a pie. A mi amigo le resultó muy curioso la forma en que cuidan sus motocicletas. Y es que, debido a la arena del desierto y el polvo que se levanta en cada momento, no les queda más remedio que proteger sus monturas como buenamente puedan. Así, es fácil encontrarse con las motos totalmente envueltas con plásticos de todo tipo y, en otros muchos casos, son las alfombras las que hacen las veces de protección, ofreciendo al mismo tiempo una mayor comodidad. Evidentemente, las normas de circulación brillan por su ausencia, y es muy frecuente encontrarse con motos a las que van encaramadas más de dos personas.

Y llegamos a los talibanes, ahora sí. Y es que estos señores han descubierto las bondades que las motos les ofrecen para sus fines nada simpáticos. Así, teniendo en cuenta que conocen perfectamente el terreno por donde se mueven, y que las consideran más manejables, no es difícil encontrarse con ellos armados con sus kalashnikov y granadas a la caza de cualquier objetivo que se les ponga a tiro. También son capaces de esconder en su interior todos los ingredientes necesarios para hacer explotar una bomba, como detonadores y cable.

Unos de los grandes beneficiados de este uso son los mecánicos, ya que a los talibanes les gusta tener siempre a punto sus motos y en constante mantenimiento. Al parecer más de dos tercios de los servicios mecánicos van a parar a los talibanes, a los que les gusta también añadir alguna que otra cosilla a sus motos, como por ejemplo, potentes bocinas que puedan avisar rápidamente de ataques contra ellos.

En fin, que como podéis ver, la población afgana tiene una forma bastante distinta a la nuestra de usar las motos y nada envidiable desde luego. Por mi parte, evidentemente, me quedo con las salidas de fin de semana y el uso diario para el trabajo, pero es bueno que sepamos que en otras partes del mundo, la moto no es un símbolo de satisfacción personal y pasión, sino cosas muy diferentes. Y es que, no quiero ni pensar en las concentraciones que organicen los amigos de la foto…

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