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El espíritu del Dakar sigue vivo

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Seguro que a los más metidos en el mundillo del Dakar os sonará el nombre de Juan Porcar. Se trata del primer español que se lanzó a experimentar la gran aventura del Dakar allá por el año 1982. Con la Ossa 350, Porcar intentó sin éxito llegar a Dakar en esa edición del 82. La iniciativa de Porcar y su Ossa han pasado a la historia, como aquellas primeras ediciones del Dakar, pero el piloto español firma una columna en el As en la que defiende que el espíritu del Dakar sigue siendo el mismo aunque la tecnología haya evolucionado mucho desde entonces.

Como el texto es interesante hasta la última coma, voy a ahorrarme el duro trabajo de tener que seleccionar algunas frases, y aquí lo tenéis íntegro: El primero de enero de 1982 sentí algo especial al pie de la Torre Eiffel en París. Iba a participar en una aventura que ya entonces tenía visos de convertirse en legendaria. Fui a correr con una Ossa y dos pistones de recambio en la mochila. Eran 10.000 kilómetros de prueba y a los 200 ya rompí el primero de los dos pistones. Me quedaba otro para 9.800... Después, sin embargo, ése aguantó toda la carrera hasta que abandoné. La historia fue curiosa. Desgraciadamente me quedé sin agua durante unos días y finalmente, con una sed increíble, cogí agua de un pozo y al poco tiempo me entraron unas grandes fiebres y tuve que dejarlo. Me recogieron los médicos del Dakar y me dejaron en una aldea. Me dijeron que volverían a por mí, pero esos días se perdió el hijo de Margaret Thatcher y se olvidaron de mí. Tuve que volver como pude. Al año siguiente, el médico, en las verificaciones, me miró a la cara y dijo: "Me olvidé. Lo siento". En esa ocasión los únicos elementos de seguridad eran una pegatina de color naranja en el casco y una bengala. Nada más. Para orientarnos, llevábamos una brújula de barco. Así eran las cosas antes en la carrera africana. En cuanto a la comida tampoco era como ahora y cuando un camión volcaba con comida nos parábamos a recogerlo...

Ahora las cosas son distintas, sobre todo porque la tecnología ha hecho evolucionar al Dakar, aunque el espíritu de la competición sigue siendo el mismo. Al final, esta carrera atrae a todo el mundo especialmente porque es una de las últimas aventuras que quedan y, además, de manera organizada, se puede participar en algo que es excepcional. El mundo se nos ha quedado pequeño y en la vida hay que intentar vivir con la máxima intensidad posible. Hay cosas que nunca cambiarán en esta prueba, como el esfuerzo, el concepto de conducción, la experiencia personal y la aventura. Todo eso sigue intacto. Hay un amigo mío que ha tenido la oportunidad de participar en multitud de aventuras, Andreu Mateu, que hace poco ha atravesado el Atlántico a remo y que también estuvo en el Dakar, y siempre me dice que la prueba africana es lo más duro que nunca ha hecho. Y es que en el Dakar, además de aventura, se lucha contra el cronómetro y esa presión es tremenda. Evitar la noche es esencial y eso provoca mucha dureza. Antes quizá hubiera mayor riesgo, pero el esfuerzo, el desierto, la pasión... todo eso es igual ahora, año tras año.

Vía | As Foto | Motocra

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