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Cuando la moto dice basta...

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Creo que este es uno de los post que más rabía me ha dado escribir desde que colaboro en moto22. Ahora no tenía que estar escribiendo en un bar del centro de Barcelona: tendría que estar disfrutando de la moto en alguna pista entre Mollet y Llafranc.

Hace tiempo que tenía apuntada la fecha en la agenda. Me hacia ilusión participar en la tradicional travesía off-road entre Mollet y Llafranc que organiza el Motoclub Mollet. Nada menos que la XXIIIª edición. 320 kilómetros de pistas entre Mollet del Vallés (un pueblo cerca de Barcelona) y Llafranc (en plena Costa Brava), pasando por Vic (en la Cataluña Central). En recorrer directamente la distancia entre Mollet y Llafranc se tarda menos de dos horas, que se transforma en 12 horas de disfrute sobre la moto por todo tipo de pistas.

Me inscribí hace unas semanas. Preparé la moto para el día D. Hoy. A las cinco de la mañana en píe. Y a las siete en el punto de salida, tomando un café con leche y una pasta. La excursión está muy bien organizada y se nota la dedicación para hacerla realidad. Se ha solicitado permiso para todo el recorrido. Se agrupan los participantes en grupos menores de 6 personas. Se han enviado con antelación los tracks para poderlos cargar en el gps. Se controla que no haya motos excesivamente ruidosas ("El ruido no nos deja hacer amigos", uno de los lemas que está presente). Se han buscado y contratado los restaurantes para la comida y la cena y el hotel. Realmente, detrás de este tipo de salidas hay muchas horas de trabajo silencioso sin el cual no serían posible.

Salgo en un grupo con dos XR que han venido de Cardedeu, y recogeremos a un compañero suyo en ruta porqué no consiguió arrancar la moto por la mañana. Quizás era un presagio. Banderazo de salida y en marcha. No hace frío y un tímido sol matinal nos acompaña en estos primeros kilómetros. Un día ideal para la moto. Las primeras pistas discurren entre polígonos y carreteras, siendo una especie de milagro poder salir por pistas de una zona tan densamente poblada.

Desde el principio, hoy no estoy cómodo en mi Challenge 650. Al dejar de acelerar tiene una extraña tendencia a calarse. Tengo que ir tirando de embrague para poder mantener todo el rato el acelerador algo roscado. Dejamos una urbanización y entramos en el interior de un bosque con barro, charcos y unos pasos muy rotos. Como no me siento nada cómodo, prefiero no complicarme demasiado la vida con unas trialeras y evitar que la moto se cale en algún sitio imposible. Hablo con mis compañeros y decido salir a buscar un mecánico en algún pueblo cercano para echarle una ojeada y reincorporarme al grupo más adelante.

Salgo del bosquecito y voy a parar a una extraña pista ancha, pero con la peculiaridad de que muere en los dos extremos. De ningún sitio a ningún lado. Bueno, a ningún lado no es cierto, porqué hay unas casas en la pista y cerrando uno de los extremos hay un restaurante enorme de bodas y banquetes (Luego entendí que en esas casas viven los propietarios del restaurante, que son los únicos que pueden acceder a la pista). Al otro lado del edificio está la carretera, pero no hay manera de cruzarlo. Llega un 4x4 y "amablemente" me indica la manera de salir mediante varios kilómetros de pistas en bastante mal estado. Caray, si la carretera está justo al otro lado del edificio, pero en ningún momento hace el gesto de dejarme pasar. Me resigno.

Pero en cuanto marcha, la moto no volvió a arrancar. No hubo manera. No fui capaz. Mire lo más básico, pero no logré adivinar que estaba pasando. Resignado a mi mala suerte, espero en el camino hasta que llega otro 4x4, en esta ocasión con la cocinera del restaurante. Le explico que la moto ha muerto. Me deja cruzar hasta el parking del restaurante. Cuando ya estaba pensando la logística para ir a Barcelona y regresar a buscar la moto con el remolque caigo en la cuenta de que prácticamente todos pagamos la asistencia con el seguro.

Después de alguna situación kazkiana kafkiana para explicarle por teléfono mi ubicación a la operadora de la aseguradora (Por ejemplo, la urbanización Pedrasanta se transforma en Tierra Santa y el pueblo de Sentmenat se convierte en San Minar...), quedamos en que me envía una grúa. Llega en una hora, pero no conseguimos arrancar tampoco la moto entre los dos, así que no hay más remedio que cargarla. ¡Qué triste es la estampa de ver mi moto encima de la plataforma!. Me envían un taxi que me deja en casa antes de comer.

En fin, la excursión ha quedado reducida a una veintena de kilómetros. Mi gozo en un pozo. Habrá que probar suerte el año que viene.

Más información | XXIIIª Mollet-Llafranc

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