Quien haya hecho una ruta en pleno verano sabe que el cansancio no llega solo por los kilómetros; a medida que pasan las horas, mantener la concentración cuesta más, las decisiones parecen un poco más lentas y cualquier parada a la sombra se convierte casi en una necesidad.
No es una simple sensación. Detrás hay una explicación fisiológica... Y hay un truco que te puede permitir combatirlo. No lo decimos nosotros, sino un neurólogo.
El cerebro entra en "modo ahorro"
Cuando la temperatura exterior se dispara, el cuerpo pone en marcha todos sus mecanismos para evitar el sobrecalentamiento. Suda más, dilata los vasos sanguíneos y desvía parte de sus recursos a mantener una temperatura estable. El problema es que esa energía sale de algún sitio, y uno de los órganos que más lo nota es el cerebro.
Para un motorista, además, la situación se complica todavía más: el casco, la chaqueta, los guantes y el resto del equipamiento de protección son imprescindibles, pero también dificultan la disipación del calor. A eso se suma la radiación solar, el calor que desprende el asfalto e incluso el del propio motor cuando circulamos despacio o atravesamos una ciudad.
La neuróloga Maria Salsone, responsable de Neurología y de la Unidad de Ictus del IRCCS Policlinico San Donato, explica que el estrés térmico obliga al cerebro a activar mecanismos de protección que consumen una gran cantidad de energía.
El resultado es que disminuyen los recursos disponibles para funciones como la atención, la memoria, la planificación o la capacidad para reaccionar rápidamente ante un imprevisto.
Según los estudios que cita la especialista, el rendimiento cognitivo comienza a deteriorarse cuando la temperatura supera aproximadamente los 25-27 ºC. A partir de los 30 ºC, el descenso de la concentración y del estado de alerta se vuelve mucho más evidente, mientras que entre 32 y 35 ºC aumenta la fatiga mental y se alargan los tiempos de reacción, especialmente si la humedad es elevada o apenas hay ventilación.
Traducido a la carretera: detectar un coche que invade nuestro carril, calcular un adelantamiento o reaccionar ante una frenada inesperada puede llevar unas décimas más de lo habitual. Y, sobre una moto, unas décimas pueden marcar la diferencia.
El consejo más llamativo del neurólogo: café y chocolate negro
Entre todas las recomendaciones habituales aparece una que llama especialmente la atención: Salsone aconseja acompañar una taza de café con 20 o 30 gramos de chocolate negro, siempre que tenga al menos un 75-80 % de cacao.
La explicación está en la combinación de varios compuestos presentes en ambos alimentos. La cafeína ayuda a mantener el estado de alerta, mientras que los flavonoides y polifenoles del cacao favorecen la microcirculación cerebral y contribuyen a reducir el estrés oxidativo.
Ahora bien, conviene poner esa recomendación en contexto: existe bastante evidencia científica de que la cafeína puede mejorar temporalmente la atención y reducir ligeramente el tiempo de reacción. En cambio, aunque el chocolate negro contiene compuestos potencialmente beneficiosos para la circulación cerebral, no hay pruebas sólidas de que consumirlo antes de conducir una motocicleta reduzca de forma significativa el riesgo de sufrir un accidente.
Imágenes | Michelin, DAZN
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