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"El Motorista del Año" desde dentro (y III)

"El Motorista del Año" desde dentro (y III)
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(...) sin embargo el asunto no empezó como yo pensaba. Durante las prácticas del concurso "El Motorista del Año", sin que el cronómetro fuese otro verdugo que sumaba más dificultad en las pruebas, me empezaba a dar cuenta que necesitaba utilizar todos mis conocimientos y concentración para, al menos, realizar las pruebas sin penalizaciones y/o eliminaciones.

Y a la vez, recordar esas técnicas que nos muestran en los cursos de conducción o que lo que es peor, nadie te ha enseñado y has tenido que aprender por ti mismo. En este segundo grupo me he encontrado siempre, autodidacta en mis años en carretera y posteriormente en circuito, aprendiendo a base de palos sobre todo en la época del supermotard.

La primera prueba, el slalom, fue un fiasco como en el trial sin poder llegar a completar el desafío correctamente. Capeé como pude el temporal en la tortuga donde el ser el más lento tiene la recompensa sobre una Scoopy (los de trial contaban con mucha ventaja), en la de frenado que tienes que clavar la posición de detención tras alcanzar 60 km/h a ojo sirvió para levantar un poco la moral, pero rápidamente los platos me devolvió a la realidad.

Para acabar, el recorrido (muy similar a las gymkanas japonesas) y la prueba de equilibrio, con una plancha como la del examen y una salida en rampa de 30 grados en la que la moto no debe moverse hacia atrás ni un milímetro me hicieron confirmar mis sospechas. O me ponía las pilas o iba a tener que esconder la cabeza debajo del ala.

"El Motorista del Año": todo o nada

Máxima concentración. No había más oportunidades. Era todo o nada. Tocaba hacer un cambio de mentalidad. En los entrenamientos me empeñé en hacer las pruebas sin penalizar y en algunas me hubiesen eliminado, por eso en el paso definitivo era mejor penalizar y coger un buen puñado de puntos que salir de la prueba con un cero por intentar hacerla perfecta.

Arrancaba además con la prueba de slalom, la que tiró por la borda mi confianza al empezar. Sin embargo la prueba me salió redonda, sin penalizaciones y aparentemente en un tiempo respetable. Respiré hondo, me relajé y empecé a disfrutar.

La moral subió en la prueba de la tortuga cuando conseguí ir a una velocidad muy reducida manteniendo el equilibrio y siendo felicitado por el resto del grupo. Dos de dos y ya me venía arriba. Si llego a estar retransmitiendo una carrera de motos estaría de pie voceando... bueno no, pero casi.

La de frenado no salió todo lo bien que esperaba pero aun así, no estuvo nada mal mientras que los platos, en los que se hace un recorrido de ida y vuelta con giros de 180 grados me sentí muy cómodo. Llevaba la moto donde quería y como quería. Puede que no fuese el más rápido pero sí había recuperado las sensaciones.

Olvidarse del freno delantero casi por completo, usar el trasero de apoyo en la curva para evitar que esta se lance, mucho tacto de embrague, mover el peso y el cuerpo a veces al interior, a veces al exterior... Porque en algunas pruebas, hasta levantar un pie de la estribera o abrir las piernas penalizaba. Hasta esos extremos llegaba la dificultad.

El recorrido me fue perfecto y con la del equilibrio completé la prueba, feliz por haber realizado una buena tanda sobre todo comparada con los entrenamientos. Ahora sólo faltaba saber si entraba entre los diez primeros y con ello, pasaba a la final... o me quedaba ya por el camino.

¡Y pasé! En cuarta posición nada menos de la general. Había remontado y aunque no luchaba por estar arriba del todo, sí que sirve para demostrar que ganar el concurso no es fácil. Hace falta muchas horas encima de la moto, mucho tacto y también un talento natural para saber conducir. Y mucho interés, asistiendo a cursos en la medida de lo posible o intentando ir un poco más allá en busca de una mayor seguridad sobre la moto.

"El Motorista del Año": la regularidad y fin de la experiencia

Pasar el corte significaba tener un extra ball. Bueno, en concreto dos. Se trataba de sendas pruebas de regularidad en las que había que dar tres vueltas a un circuito en un tiempo de entre 55 y 65 segundos, con el velocímetro tapado e intentando clavar los tiempos de cada uno de los giros. Primero en asfalto y luego en tierra con una Honda CRF100.

Dificultad máxima y además con el peligro de penalizar en las pruebas o quedar eliminado si ponías un pie en el suelo. Un error me llevó a pisar con la rueda trasera una línea pero aun así marqué un registro de 63, 61 y 61 segundos, nada mal porque a medida que realizas los giros, te vas calentando y con ello bajando los tiempos. Sobre todo hay que saber controlarse con el gas.

Revelada la puntuación final finalicé en la sexta posición, con los seis primeros separados por un margen de 100 puntos en un total de casi 2.500, lo que indica lo apretado de las pruebas y que los pequeños errores te van condenando en la clasificación final.

Una vez revelado que yo era el periodista infiltrado, y tras dar las gracias a Honda por la oportunidad de contaros la experiencia desde dentro, dediqué unas palabras a todos los participantes enfatizando y transmitiendo mis felicitaciones al vencedor, Roger Perejoan, por haber sido el piloto más seguro en un concurso con gran dureza y que exige mucha habilidad.

Así mismo, la diversión entre prueba y prueba, las risas y el buen rato que allí pasamos bajo un tórrido sol fue también una gran experiencia. Por ello desde Motorpasión Moto os invitamos a que el año que viene participéis en la quinta edición. Verdaderamente merece la pena ya no por el tener la posibilidad de ganar una moto sino por lo que allí aprendes.

Nota:
Los gastos para asistir al concurso "El Motorista del Año" ha sido asumidos por Honda Motor Europe España Motorcycle Division. Para más información, consulte nuestra política de relaciones con empresas.

El equipamiento utilizado durante la prueba ha sido: Pantalones Alpinestars Axiom Denim y botas Alpinestars Alpinestars Fastlane Air Shoe.

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