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Ducati Hypermotard, prueba (conducción en autopista y pasajero)

Ducati Hypermotard, prueba (conducción en autopista y pasajero)
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Seguimos analizando a la nueva Ducati Hypermotard y paladeando cada una de sus peculiaridades. El problema es que pasa lo mismo que con los amores de verano, que cuando vuelves a la rutina sólo te acuerdas de los maravillosos momentos pasados y nada te deja el mismo buen sabor durante un tiempo. Lo que los modernos han venido a llamar ahora depresión postvacacional.

Hoy nos centraremos en esas cosas tan aburridas, que tienen muchas señales, infinidad de carriles por sentido, todos los automóviles que puedas juntar y curvas que parecen rectas. Sí, habéis acertado, hoy viajaremos por la estupenda (guiño) red de autopistas de Madrid y sus innumerables atascos.

Ducati Hypermotard, autopistas de prácticas

Ducati Hypermotard

Cómo no, no podía ser de otra manera, después de repostar y nada más incorporarnos al primer tramo de autopista ya nos encontramos con un atasco. En fin, qué le vamos a hacer si yo voy subido en una ligera Ducati Hypermotard que se mueve entre los coches como si fueran los conos a esquivar en el examen práctico. Nunca he entendido a esa gente que te ve por el retrovisor y cierra el hueco para que no pases, pero da igual porque con un suave meneo de cadera ya hemos encontrado otro resquicio por el que colarnos.

Si se pone complicada la cosa no hay de qué preocuparse, el manillar pasa por encima de la mayoría de los retrovisores, aunque con tanto SUV de moda se pone peliagudo el asunto de vez en cuando y nos toca esperar. En un par de minutos pasamos el utilitario parado en la vía de servicio y tenemos fluidez, aumentamos la velocidad y a ritmo tranquilo la Ducati Hypermotard se deja hacer y sólo muestra cierto coceo cuando vas con el modo Sport seleccionado y un hilo de gas.

Ducati Hypermotard

Lo más sensato es seleccionar el modo Touring, que para algo está, y la Hyper deja de ser tan quejicosa. A ritmo sostenido su postura cómoda deja pasar los kilómetros, pero si el ritmo ronda por encima los límites dejará de ser un lugar acogedor cuando nuestra voluntad viajera se canse de recibir aire. Si vamos a hacer kilómetros lo mejor es tomarse las cosas con calma y no forzar, porque la protección aerodinámica se reduce a las manos, antebrazos y parte baja del vientre. Especialmente los días ventosos, si lidiamos con ráfagas laterales nos identificaremos bastante con una vela de windsurf.

En cuanto a la autonomía hay que decir que es uno de sus puntos flojos. Una carrocería y un conjunto tan estrechos sería una sorpresa que albergasen un depósito de mayor tamaño, nos tendremos que conformar con 16 litros y un testigo de reserva que se pone a molestar a los 170 kilómetros de parcial aproximadamente. Por cierto, el tapón del depósito de rosca, con cerradura, y sin bisagra no me gusta, eso de quedarme con el tapón en la mano no me convence.

Ducati Hypermotard

En realidad son muchos más los kilómetros que se pueden recorrer pero la reserva peca del mismo defecto que en la 1199 Panigale (prueba), abarca demasiados litros y protesta antes de la cuenta. Como no me gusta tener luces en el tablero y suelo ir en cuanto aparece a repostar echaba poco más de 10 litros en cada visita a los surtidores de zumo de dinosaurio, lo que nos da un consumo de poco más de cinco litros a ritmo alegre.

Después de curvear ayer hasta la extenuación hoy vamos a hacer una pequeña ruta de ida y vuelta con parada a comer a dúo. Es obvio que de todas nuestras vivencias la mayoría se condicionan por la mentalidad con que las afrontes, así que conociendo lo divertida que es ésta moto en carreteras retorcidas cuesta aclimatarse a utilizarla en el terreno amplio y despejado de las autovías. No digo que no se pueda, ni que sea una mala moto para viajar en línea recta y a ritmo mantenido, siempre que seas consciente de lo que estás llevando y asumas los riesgos es tan válida como la que más.

Ducati Hypermotard, espacio para valientes

Ducati Hypermotard

Si nos ponemos a hablar de cómo disfrutar a dúo a lomos de la Ducati Hypermotard es muy probable que si no nos movemos con tranquilidad y apaciguamos el fuego que nos incendian las aptitudes de la moto, el pasajero monte una única vez con nosotros. Si la posición del piloto ya es elevada, la del pasajero en el segundo nivel del asiento corrido lo es bastante más todavía. Circulando en solitario el desnivel del asiento nos ayuda para buscar un apoyo cómodo en autopista e inclinarnos un poco hacia delante para desviar el aire, pero al de detrás no le parecerá tan agradable.

Cierto es que el mullido del asiendo y sus dimensiones son más que correctos, unido con las asas que quedan ocultas bajo las tapas laterales del colín hacen que en parado parezca apacible, pero en marcha es otro cantar. Su parte del asiento no es tan horizontal como la nuestra, y toma una curvatura ascendente que le obliga a caer hacia delante, forzando la postura para conseguir mantenerse vertical.

Ducati Hypermotard

La posición tan erguida impide que nuestro acompañante pueda llegar al depósito para apoyar las manos y las asas quedan casi debajo del trasero, por lo que tendremos que ser extremadamente respetuosos con los mandos para no llevarnos ninguna colleja. Lo mejor es que seleccionemos el modo Urban para mitigar el sufrimiento de quien se haya atrevido a sentarse tras nosotros, y si conseguimos contenernos no es una mala opción para viajar gracias al largo recorrido de las suspensiones.

Creo que en Ducati no han pensado demasiado en el posible acompañante y han destinado éste modelo a un disfrute en solitario con visitas esporádicas y cortas de algún atrevido. Es el precio de los rebeldes.

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