Un ruso y su novia casi se ahogan por los likes: a 300 km/h sin casco en una BMW S 1000 RR, pero con gafas de piscina

Un ruso y su novia casi se ahogan por los likes: a 300 km/h sin casco en una BMW S 1000 RR, pero con gafas de piscina
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Entre las situaciones más surrealistas de las que hemos sido testigos, la de hoy sea probablemente una de las más bizarras. Nuestro protagonista es todo un ejemplo de lo que no hay que hacer en una moto. Absolutamente todo.

Es un motorista ruso que decide comprobar por su propia mano qué se siente a 300 kilómetros por hora en una BMW S 1000 RR. El resultado es un surrealista vídeo en el que su novia, que va de paquete, casi acaba ahogada por no llevar casco.

"A 300 km/h sin casco en moto, una joven casi se ahoga"

Ruso 2 2024

El título del vídeo ya nos sirve de indicativo para comprobar las pocas luces que tiene este motorista: "A 300 km/h sin casco en moto, una joven casi se ahoga". Una actitud tan peligrosa que casi acaba con su novia ahogada tras clavarle las uñas e intentar que pare la moto.

Las lecturas de Tolstoi o Dostoievski ya nos advierten de los "excesos" y las "libertades sin límites" a los que acostumbran los rusos con sus estereotipos. Vlad, el 'youtuber' motorista con más de millón y medio de suscriptores, no tiene problema en poner en riesgo su vida y la de su novia sobre una BMW para hacer un vídeo viral y refutar la teoría.

El vídeo tiene como objetivo experimentar en primera persona un vídeo de otro ruso, también a más de 300 km/h en el que sus mejillas parecen someterse a la fuerza G del viento.

Dispuesto a cumplir con el reto y junto a su novia, se dirigen a una autopista a las 7 de la mañana con la S 1000 RR, sin casco, en manga corta y con unas gafas de piscina para contrarrestar la poca visibilidad a causa del viento.

Ruso 3 2024

La única protección que llevan, unos guantes. Una vez subidos y en plena autopista, a la RR le cuesta ponerse a 300 km/h a causa del tráfico. Para más inri, se le fastidia la batería de la moto, así que su novia tiene que empujarle.

Cuando la consiguen poner en marcha, llega la prueba definitiva: a 299 km/h mientras se le descompone la cara. Reto conseguido, pero a costa de casi ahogar a su novia: "¿No me oías llamarte? Te estaba golpeando, no lo hagas, déjame en paz, comencé a clavarte la uña. No estaba respirando en absoluto, estaba a punto de asfixiarme", le dice la joven, que luego se lo toma con guasa.

No solo es una actitud deplorable la de jugarte tu vida, sino también la de tu pareja y el resto de usuarios de la carretera. No solo va a 300 km/h, sino que va pitando, importunando y poniendo en riesgo al resto de conductores; una actitud que, a todas luces, y lejos de ser graciosa, es un absoluto desprecio a la vida y a las leyes.

Mientras, en España vivimos en un bálsamo legislativo en el que nos imponen casco cerrado y guantes obligatorios y este tipo de acciones son castigadas con severidad, afortunadamente. Aquí, la seguridad y la vida se respetan y se protegen, en Rusia parece que no tanto. Y es una pena.

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