Misterio resuelto. Ya sabemos por qué le cayó un rayo a dos motoristas distintos en el mismo sitio, y no son buenas noticias

El caso destapa un riesgo poco considerado en moto: la exposición total a las descargas eléctricas durante una tormenta

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John Fernández

Cuando pensamos en la lluvia sobre una moto solemos imaginar problemas de agarre, charcos que invitan al aquaplaning o la dificultad de ver y ser vistos. Sin embargo, hay un enemigo mucho más silencioso y devastador: los rayos.

Cada verano las tormentas eléctricas descargan miles de millones de voltios sobre la superficie terrestre y, en una moto, el conductor es el blanco perfecto. No exageramos; un motorista acaba de morir a causa de ello.

El coche actúa en una jaula de Faraday; la moto no

El pasado domingo, en la carretera estatal 275 del Bajo Salento, en Italia, un motorista de 42 años perdió la vida tras ser alcanzado por un rayo. La descarga lo lanzó de la moto y lo fulminó en el acto, sin que los servicios de emergencia pudieran hacer nada por él. El lugar del accidente tenía un macabro simbolismo añadido: a pocos metros ya existía una placa que recordaba a otra víctima de un rayo, fallecida en el mismo punto años atrás

La diferencia con un coche es abismal. Un automóvil se convierte en una jaula de Faraday: la electricidad circula por la carrocería y se dirige al suelo, manteniendo a salvo a los ocupantes.

En moto no hay tal escudo. El cuerpo del motorista es el punto más alto y queda expuesto a una descarga que libera corrientes de hasta 30.000 amperios. Frente a esa magnitud, ni el mejor casco ni el mejor traje técnico pueden ofrecer protección.

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El único antídoto real es la prevención. Consultar la previsión meteorológica antes de un viaje largo, especialmente en verano y en zonas de montaña, puede evitar situaciones de riesgo. Saber de antemano dónde hay gasolineras, pueblos o cualquier refugio ayuda a reaccionar con rapidez si el cielo se cubre de nubes negras.

Cuando la tormenta sorprende en ruta la decisión más segura es parar. Buscar cobijo en un edificio o en el interior de un coche es lo ideal, porque ambos ofrecen protección. Nunca es buena idea refugiarse bajo un árbol aislado, un poste eléctrico o una estructura metálica solitaria: son imanes naturales para los rayos. Tampoco conviene quedarse junto a la moto una vez aparcada, ya que la propia estructura metálica y la pata lateral en contacto con el suelo facilitan que la descarga elija ese camino.

El rayo no concede margen de maniobra. Impacta en milésimas de segundo y la posibilidad de sobrevivir depende casi por completo de no estar en su trayectoria. Por eso conviene recordarlo: la lluvia puede mojarte, el viento puede desestabilizarte, pero la electricidad no perdona. Y en moto, la única respuesta sensata ante una tormenta eléctrica es detener la marcha, esperar a que escampe y volver a rodar cuando el cielo lo permita.

Imágenes | Pixabay

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