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Cuando estás solo

Cuando estás solo
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No lo fui buscando. Es más, no creí que aquella situación llegara tan pronto, pero fue así. Había pasado mucho tiempo sin sentir los torrentes de adrenalina, esos pequeños instantes de descontrol que borran mi sonrisa durante una décima de segundo para volver a dibujarla durante varios minutos. Me lo había pasado en grande, como hacía tiempo, pero lo mejor aun estaba por llegar al equivocarme de salida y quedarme a solas con un motor, dos ruedas, un depósito lleno de gasolina y tiempo.

Sí, en muchos sentidos el motociclismo es compartir. Es grandes concentraciones, enormes eventos con miles de aficionados celebrando algún tipo de fiesta o la victoria de una nueva estrella. Es quedar y salir con los amigos. Comer y beber. Motociclismo también es soledad en el mejor sentido de la palabra, el sentido más cercano a la libertad. Es conocer gente, hablar con extraños aleatorios de todas partes del mundo. Motociclismo es sentarte apartado en cualquier punto del mapa, dedicar unos minutos a discurrir la vida que lleva el hombre o mujer sentado/a en frente, hablar el idioma internacional de las risas, las sonrisas y la empatía. El motorista solitario es, aunque no lo parezca, la sustancia de la moto.

Mi primera reacción al darme cuenta del error fue parar, sacar el teléfono del pantalón e intentar comunicarme con algún compañero para saber hacia dónde debía ir. Con el teléfono en las manos, me acordé de todos esos momentos en los que hubiera dado lo que fuera por apagarlo, desconectar por completo. Bajé por la lista de contactos hasta ver el primero que sabía que me leería y, en vez de llamar, decidí mandar un mensaje y apagar el teléfono. "Me doy una última vuelta, no me esperéis", decía.

En el absoluto silencio de una carretera secundaria por la que sólo pasan tipos perdidos como yo, arranqué de nuevo escuchando con atención el traqueteo del motor. Llevaba desde las seis de la mañana despierto y tras más de 10 horas trabajando ya no me quedaban ni fuerzas ni ganas de de dar gas o apurar frenadas. Subí de marcha hasta encontrar ese punto en el que respondía con suavidad, sin brusquedad y sin dar los típicos tirones de esos motores.

Antes de que el sol se empezará a esconder tras el rastro de los Alpes, pude ver un cartel que indicaba que, tarde o temprano, llegaría a casa. Es cierto que la conducción nocturna comprende, obviamente, más riesgos… pero si el riesgo es lo que nos importa, esta publicación se llamaría Cortacéspedpasión.

Los últimos rayos de sol colado entre los valles y la Montaña de la Nieve avisaban de la llegada de ese momento del día en el que, sin sol, aun hay luz. Un momento elegido por fotógrafos por su especial encanto, esa hora azul que transcurre desde el momento en el que se pone sol hasta que se hace completamente de noche.

Con el Astro Rey intentando escaparse, bajó la temperatura. El calor desprendido por el motor, que horas antes abrasaba, se convertía ahora en una cálida y agradable sensación. Los toques puntuales de la punta de la bota con el asfalto, aun caliente, terminaban de enmarcar un conjunto de sensaciones único. Cortos golpes de gas, dados a ritmo de metrónomo en el vértice de lentas curvas enlazadas, me impulsaban con la delicadeza del viento jugando con una mano asomada a la ventanilla del coche.

Durante el día había disfrutada de cada kilómetro, sí, pero esto está en otro apartado. Cuando estás solo, no tienes que preocuparte de lo que quiera el resto. Cuando estás solo, puedes equivocarte cuantas veces quieras y tomar desvíos sin necesidad de pensar en el destino. Cuando estás solo, puedes parar y retirarte a un lado de la calzada, a cualquier altura, y disfrutar del entorno. De rincones que el resto, más concentrados en "llegar", pasan por alto.

El Solitario

Pilotar a solas una moto despierta ese estúpido sentimiento de aventura que, miles de años después sin exploradores ni conquistadores, aun seguimos buscando. Rompe las cadenas que nos atan a rutinas que no queremos. Nos devuelve ese trocito de libertad natural que perdemos el día en que comenzamos a vivir para trabajar. Nos inspira, motiva y hace nuestras vidas un poco más fáciles y felices.

Sal ahí fuera, no importa en qué, y disfruta de este regalo.

Fotos vía | MotoGeo

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