Probamos el RIDE 6: por fin un juego de motos que se siente real, pero al que le ha faltado un paso para ser el Forza Horizon para moteros

Probamos el RIDE 6: por fin un juego de motos que se siente real, pero al que le ha faltado un paso para ser el Forza Horizon para moteros

Más motos, más disciplinas y una conducción mejor afinada, aunque con cuentas pendientes como el sonido

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John Fernández

RIDE 6 no es una revolución, pero sí es una corrección de rumbo clara, y muy clara además. Y eso, en una saga que llevaba varias entregas girando sobre sí misma, ya es bastante decir. Ahora es mucho más festivalera (y pronto entenderás por qué).

Milestone ha decidido afinar lo que tenía, limar asperezas y, sobre todo, hacer que todo fluya mejor. Literalmente. Pero también nos ha traído muchas, MUCHAS cosas nuevas.

Sí, este RIDE 6 sí que merece mucho la pena, aunque hay detalles por pulir

¿Te suena Forza Horizon? Si estás metido en esto de los videojuegos, seguro que sí. También podría ser extensible a The Crew Motorfest. Básicamente lo que ha hecho RIDE es trasladar la idea de un festival del motor (en este caso de motos) al videojuego, donde vas ganando puntos, fama, etcétera. Un giro de idea ya existente que no termina estar del todo mal, aunque en el mundo de la moto quizá se siente algo diferente. Pero mola, para variar.

La primera mejora, en mi opinión, es el salto visual respecto a RIDE 5. Y aquí no hay medias tintas: es notable. No tanto por un cambio radical de estilo, sino por una mejora clara en fluidez, iluminación y definición general. Las carreras se sienten más estables, más limpias, con una tasa de imágenes más consistente y una sensación de continuidad que antes no siempre estaba ahí. Las motos ganan en detalle, los circuitos se ven bastante mejor y el conjunto transmite más calidad, incluso cuando no estás buscando el plano bonito.

Esa mejora no se queda solo en lo visual. También se nota, y bastante, en el pilotaje. Y hablando de un juego de motos, esto es importante. RIDE 6 deja atrás parte de esa conducción algo rígida y excesivamente mecánica que arrastraba la saga. Aunque sigue siendo arcade, ha dado un paso adelante para parecerse a MotoGP (parecerse, he dicho, no ser igual, aunque son los mismos desarrolladores). Ahora los movimientos son más naturales, más anticipados, con transiciones más suaves entre frenada, entrada en curva y aceleración. Se nota que Milestone ha mirado de cerca su propio trabajo en MotoGP: las tumbadas, el paso por curva y la forma en la que la moto se apoya recuerdan claramente a lo visto allí, y eso juega a favor del conjunto.

Porque recordemos que RIDE no es un simulador puro ni pretende serlo, pero sí ofrece una conducción más coherente y menos robótica. Especialmente en motos deportivas y de alta cilindrada, donde el control del peso y la progresividad marcan la diferencia. Cada categoría mantiene su personalidad, aunque no todas brillan igual. Algunas pruebas, sobre todo fuera del asfalto, siguen dejando sensaciones algo irregulares porque es parte nueva del juego (como te contaremos ahora), pero en general el tacto es más agradecido que antes.

Donde RIDE 6 vuelve a tropezar es en el sonido. Y es una pena, porque en un juego de motos esto no debería seguir pasando. Los motores suenan apagados, poco definidos, y cuesta distinguir un cuatro cilindros de una bicilíndrica sin mirar el nombre en pantalla. Que una Honda CBR y una MT-07 se parezcan más de lo razonable por audio resta inmersión y credibilidad, aunque el resto del conjunto funcione. No arruina la experiencia, pero sí es un punto claramente mejorable que la saga sigue arrastrando.

Ride 2

En cuanto a contenido, el juego vuelve a ser generoso. De hecho hacía muchas sagas que no eran tan generosos e innovaban tanto. Hay motos para aburrir (aunque todavía no hay ninguna china, raro en 2026), categorías muy distintas entre sí y una mezcla acertada de circuitos reales y trazados ficticios bien diseñados. El modo Trayectoria sigue siendo el eje central, con una progresión larga y variada que te mantiene ocupado durante decenas de horas, aunque más allá de ahí las opciones se reducen bastante si juegas en solitario.

Uno de los cambios más interesantes de RIDE 6 está en la ampliación real de su abanico de motos. Además de las nuevas motos de cada catálogo como la KTM 990 R (portada del juego, por cierto), la llegada de trail, scooters y nuevas disciplinas no es solo una cuestión de cantidad, sino de planteamiento. Las trail, por ejemplo, no se sienten como una deportiva disfrazada: tienen inercias más marcadas, reacciones más lentas y una forma distinta de afrontar curvas y cambios de apoyo, obligándote a anticipar más y a frenar antes. Mola que ahora puedas (casi) tocar rodilla con una Honda Africa Twin o una Yamaha Ténéré.

Ride6 3

Los scooters, por su parte, son una rareza tan absurda como divertida. Son lentos, giran distinto y penalizan cualquier error de trazada, pero precisamente por eso funcionan. Obligan a reaprender gestos básicos y aportan variedad real a las pruebas, alejándose del piloto automático en el que a veces caen las motos más potentes. Está guay meterse en barrizales con un X ADV.

 A esto se suman carreras de resistencia, eventos mixtos y pruebas muy distintas entre sí que ayudan a que el modo Trayectoria no se sienta monótono. El caso es que para acompañar a estas nuevas motos también se nos regalan nuevos trazados off-road en formato de barrizales donde se recrea muy bien el estilo de conducción; dificultad de giro, un control de tracción (casi) inexistente...

Ride 7

La personalización mecánica sigue siendo uno de los pilares del juego. No se trata solo de estética: tocar componentes tiene impacto real en el rendimiento, y eso añade una capa interesante a la progresión. Además, el nivel de modelado convierte a RIDE 6 en algo parecido a un escaparate virtual del mundo de la moto, algo que los aficionados sabrán apreciar.

Cada vez más, RIDE 6 se acerca a ser el Gran Turismo de las motos definitivo, básicamente porque es la mejor saga haciendo lo suyo, y no hay ninguna otra que se le acerque, todavía. Más fluida, más agradable de conducir y visualmente más sólida. Le siguen faltando detalles importantes, especialmente en sonido y en profundidad fuera del modo principal, pero está claro que Milestone ha sabido corregir parte de lo que no terminaba de funcionar. Y eso, en una saga tan asentada, ya es un paso adelante.

Una vez más, me sigue faltando un mundo abierto. Es una reclamación histórica en esta saga. Vale que esta edición es mucho mejor, sin duda. Trae casi todo lo que se podría pedir, excepto sonidos a la altura de las motos y un mundo abierto motero que sería la guinda para un pastel perfecto. Quizá para el RIDE 7. Cruzaremos los dedos.

Imágenes | Motorpasión Moto

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