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Unas Scoopys en el escaparate

Unas Scoopys en el escaparate
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El miércoles pasado tenía la presentación de un libro en la Pedrera (el edificio de Gaudí que está en el Paseo de Gracia, en Barcelona). Pero el libro no tenía nada que ver con las motos, la historia de hoy va por otro lado. Haciendo tiempo hasta la hora del acto me fui a pasear a Vinçon, una tienda cercana. Siempre es agradable pasear por Vinçon, un verdadero templo del diseño en Barcelona. Siempre hay cosas curiosas y divertidas para descubrir.

Pero la sorpresa estaba en el escaparate. Los escaparates de Vinçon siempre son creativos. Me sorprendieron tres scoopys en el escaparate. Tres scoopys de verdad. Tamaño real. Y unas cuantas reproducciones por detrás correteando por las paredes. No pude evitar una sonrisa al verlo. Ver una scoopy en Barcelona no es raro, pero el hecho de verlas en el escaparate de Vinçon parecía elevarlas a categoría de escultura.

Los que me conocen saben que no soy un devoto de los scooters. Yo siempre he sido partidario de las motos que se llevan entre las piernas. De hecho, si la memoria no me falla, creo que es el primer post que escribo en Moto22 relativo a un scooter: nunca digas de este agua no beberé. Creo que Luis Font está ya en la tarea de convencerme de las virtudes scooterianas.

Lo que han querido desde Vinçon es rendir un homenaje al Scoopy. La relación entre el Scoopy y Barcelona es muy especial. El Scoopy es la moto de Barcelona. Es parte del paisaje urbano de la ciudad. Uno de aquellos productos que dan su nombre al genérico: en más de una ocasión, alguien me ha explicado que se ha comprado una Scoopy y cuando la he visto era un scooter de otra marca.

scoopy-vincon2.jpg

Vinçon titula en su pequeña exposición "Sccopy, un ícono que creció en Barcelona". Y no les falta razón. Desde el año 1984 en que llegaron las primeras SH80 a Barcelona, el enamoramiento fue instantáneo. La gran excusa para comprarse una era la "rueda grande", uno de sus señas de identidad. Fue un fenómeno en ventas que no ha parado hasta hoy.

La segunda generación llegó en 1996 con algunas mejoras como el freno de disco y continuo el éxito de la saga. Y a partir de 2001 han llegado más novedades como el motor de 4 tiempos, ha crecido en cilindrada y en comodidad, inyección, catalizador, posibilidad de ABS,... La evolución tecnológica en estos 25 años ha sido tremenda y en el pequeño Scoopy está reflejado.

Mirándolas en el escaparate destacan las diferencias entre las versiones. Y aunque la más nueva se ve "mucho más moto" me parece muy entrañable la simplicidad de la primera versión. De hecho, algún amigo que tiene una de las primeras versiones (las japonesas, recalcan siempre...) para moverse por la ciudad no la cambiaría por ninguna otra aunque fuera más moderna.

Entrando en la tienda encontramos otra Scoopy real, rodeada de pequeñas reproducciones a escala 1/12 que te puedes llevar a casa. Me gustó este pequeño homenaje de Vinçon a la estimada Scoopy. A veces, la cotidianidad no nos hace apreciar lo que diariamente nos rodea.

Salí de Vinçon dando la vuelta a la manzana para regresar a La Pedrera. Y entonces me fije un poquito más: en apenas unos centenares de metros encontré suficientes Scoopys de las tres generaciones para montar varias exposiciones. Realmente, Barcelona es la capital de la Scoopy. O la Scoopy es algo capital en Barcelona.

Más información | Vinçon

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