Hablar de la mayor subasta de motos de la historia no es una exageración fácil. Es una cuestión de números, de contexto y, sobre todo, de impacto visual.
Ojo, que son más de 1.500 motos las reunidas en un mismo evento, en un mismo recinto y bajo un mismo martillo. Eso es lo que vuelve a poner sobre la mesa la mitiquísima firma americana Mecum Auctions con su cita de enero en Las Vegas, un evento que ya no funciona como una simple subasta, sino como un museo efímero del motociclismo mundial.
Es la mayor subasta de motos de la historia no es solo una cuestión de cifras
Durante unos días, el desierto de Nevada se convierte en un resumen acelerado de casi un siglo de historia sobre dos ruedas. Desde máquinas de preguerra hasta iconos de los años dorados del motociclismo europeo y japonés, pasando por rarezas industriales, modelos que nunca se vendieron fuera de su país de origen y motos que hoy serían directamente inviables desde el punto de vista comercial. Todo cabe cuando el único filtro es la historia.
Lo llamativo no es solo la cantidad (que también, no nos engañemos), sino la mezcla. En un mismo pabellón conviven motos pensadas para trabajar, competir o simplemente sorprender. Hierro americano de otra época, monocilíndricas británicas que definieron una era, deportivas italianas que hoy son piezas de colección y japonesas de los '70 y los '80 que representan el momento exacto en el que el motociclismo cambió para siempre. No es una subasta temática: es un archivo completo a escala real.
En el catálogo aparecen nombres que, juntos, ya explican por qué esta subasta es distinta a todas las demás: Ducati 750 SS y 900 SS de carburación clásica, Honda CBX1000 de seis cilindros, Yamaha RD500 y Suzuki RG500 Gamma de dos tiempos, BMW R 80 G/S original, Kawasaki GPz750 Turbo, Honda CX650 Turbo, Yamaha XJ650 Turbo, Bimota DB1, MV Agusta de cuatro cilindros de los setenta, Norton Commando, Vincent Rapide o una rara Van Veen OCR 1000 con motor rotativo.
También hay espacio para motos que nunca jugaron en la primera división comercial pero hoy son piezas de museo, hasta españolas: Harley-Davidson XLCR1000, OSSA Yankee, Yankee Z 500 Enduro, Bultaco Pursang 370, Montesa Cappra, Husqvarna de cross de los años dorados, Royal Enfield de posguerra o monocilíndricas británicas firmadas por BSA, AJS y Ariel. Modelos muy distintos entre sí, pero unidos por algo común: ya no se fabrican, ya no se repiten y cada uno representa un capítulo irrepetible de la historia del motociclismo.
Estados Unidos juega aquí con ventaja. Durante décadas importó, almacenó y conservó modelos europeos que en su país de origen desaparecieron, se transformaron o simplemente se perdieron. Eso explica por qué aparecen marcas españolas, italianas o británicas en cantidades que hoy resultan casi imposibles de encontrar en Europa. Motos que allí fueron herramientas o juguetes, y aquí acabarían siendo patrimonio histórico.
También es una radiografía bastante precisa de cómo ha evolucionado el coleccionismo. Hace años, estas subastas giraban casi exclusivamente alrededor de grandes bicilíndricas americanas. Hoy el foco está mucho más repartido: deportivas clásicas, motos de campo de competición, experimentos técnicos y modelos de producción limitada que en su momento pasaron desapercibidos. El mercado ha madurado, y con él el criterio de los compradores.
Por eso este tipo de eventos ya no se siguen solo por los precios finales. Se observan para detectar tendencias, para comprobar qué épocas se revalorizan, qué tecnologías vuelven a despertar interés y qué motos empiezan a desaparecer del mercado abierto para entrar definitivamente en colecciones privadas. En ese sentido, una subasta así funciona como un termómetro del valor cultural de la moto.
Imágenes | Nostalgy, Bultaco, Kawasaki
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