
La verdad es que ya hemos llegado a un punto en el que los prototipos japoneses te llaman la atención, pero no son capaces de cuajar en el imaginario de los usuarios por estrambóticos o simplemente in-conducibles. La única esperanza que nos queda es que los diseñadores italianos sigan regalándonos los ojos con sus motos. Como han hecho Pierre Terblanche y Miguel Galluzzi basándose en el motor insignia de la casa de Mandelo del Lario, el Moto Guzzi V12.
Sobre este motor ambos han desarrollado unas motos que si mañana saliesen a la venta probablemente se convertirían en iconos del motociclismo mundial.



