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Niall Mackenzie en el GP de Gran Bretaña del 87

Apenas se habían disputado un par o tres pruebas del calendario de GP500 cuando Wayne Gardner (Yamaha), Randy Mamola (Cagiva) y Niall Mackenzie(Honda) se encontraban en algún punto del continente europeo disfrutando de una buena barbacoa de camino al siguiente Gran Premio. Era quizás la época dorada del motociclismo, donde las bestias de dos tiempos y 500cc aun tenían un largo camino por recorrer. Tiempos en los que cualquier avispado aficionado podía colarse en el box de Loris Reggiani , ser descubierto admirando la máquina y que el mismo piloto te sacara una foto con la moto. Era 1988, yo acababa de nacer, y el mundo de las dos ruedas se arrodillaba ante gente capaz de dominar aquel leviatán humeante.

Niall – pronunciado exactamente igual que Neil – siempre se sintió fuera de lugar rodeado de todos aquellos feroces pilotos. Y en más de una ocasión tuvo que mentir o inventar historias que atrajeran patrocinadores o evitaran un ridículo público, o así al menos lo entendió él.

Chuletas en la barbacoa y un sol reluciente que aun no quemaba, bueno, todo lo “no quema” el sol de verano en la piel de un escocés de un pueblo de no más de 60 casas. Wayne se había proclamado Campeón del Mundo un año antes y el genio Mamola era un hueso duro de roer y el rival más fiero del campeón. Sin embargo allí estaban, compartiendo mesa sin el menor problema.

De hecho, el verdadero problema llegó cuando Randy sacó el típico tema de conversación: ¿Cómo empezasteis en esto de las motos?. Aussie y californiano, pese a estar separados por miles de kilómetros, se encontraron con un pasado común. Ambos se habían subido a una moto casi al mismo tiempo que aprendieron a andar y el dirt-track.

Niall no se encontraba demasiado cómodo. Andaba dándole vueltas a la cabeza, casi sin escuchar las historias del campeón y subcampeón de GP500. Su pasado no sonaba tan profesional… su primera moto había llegado en forma de scooter a los trece años – después de perder a su padre, motero – y nunca se le pasó por la cabeza competir hasta los 19 años.

Su turno llegó cuando Mamola le preguntó: ¿y tú qué?. La forma de escurrir el bulto de Niall fue épica y le trajo de cabeza hasta hace tan sólo unos años. El escocés contó que trabajaba de electricista en Escocia pero que un día le pillaron haciendo un trabajo en ropa interior… de mujer, concretamente de la dama que vivía en el domicilio y que previamente había sustraído de los cajones.

Despedido tenía que buscar una forma de ganarse la vida y, según sus palabras, ya que tenía unas manos tan delicadas lo mejor sería intentar sacarle provecho en el motociclismo.

Gardner se partía y Mamola no sabía qué hacer. Mentira colada o no lo cierto es que los rumores sobre su gusto por las prendas de mujer le acompañaron hasta sus últimas carreras en el BSB.

Foto vía | Sporting Memories

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