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Yamaha MT-07, prueba (conducción en ciudad y carretera)

Yamaha MT-07, prueba (conducción en ciudad y carretera)
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El bicilíndrico crossplane de la Yamaha MT-07 cobra vida y me fijo en el reloj. Son las 8:03 y ya he memorizado mentalmente en qué dirección tengo que ir. 200 kilómetros en menos de dos horas. Cada minuto que estoy aquí parado aumenta la media que deberé realizar para llegar a tiempo a la cita. Juega a mi favor el día y el relativo poco tráfico, pero el segundero será mi juez, jurado y (espero que no) posible verdugo.

Primera, soltamos embrague y nos ponemos en marcha. Nos damos cuenta de forma inmediata que la postura es casi idéntica a la de su hermana mayor, la MT-09. No han pasado casi tiempo y las sensaciones son muy frescas: cuerpo adelantado, control absoluto de la rueda delantera y quizás un punto menos radical, con unas estriberas un poco más bajas y adelantadas que permiten adoptar una postura algo más cómoda y con el cuerpo más erguido.

Yamaha MT-07: T -1:57:00 y contando, 200 km para el objetivo

Yamaha MT-07

La primera parte del recorrido es la desesperante ciudad. Y todo el tiempo que pierda aquí con los semáforos, cruces y demás tendré que recuperarlo luego en carretera abierta. No empieza bien la carrera contra el reloj.

Voy empalmando marchas y me encuentro un motor con una muy buena pegada por encima de las 3.000 vueltas pero a la vez bastante dócil para dejarlo rodar a bajas vueltas en marchas largas. Quizás no se lleve tan bien con aperturas bruscas de acelerador en marchas largas, algo común en los bicilíndricos aunque este al tener una disposición paralela, no es tan acusado en vibraciones como los que los tienen en V.

Eso sí, si tuviese dos orejas de tamaño desproporcionado y una cola larga, sería la forma más gráfica de demostrar su tremenda agilidad en ciudad. Porque se mueve como un auténtico ratón. No avanza, se abalanza sobre el siguiente metro de asfalto, y gira en un palmo de terreno a la menor insinuación del manillar.

El conjunto es increíblemente estrecho y permite hacerla moverse a un lado y otro casi con las piernas. El tanque está relativamente alto y las formas permiten que escondas las rodillas tras las tomas de aire laterales.

Yamaha MT-07

A la hora de detenerla y a pesar de la apariencia poco sofisticada de sus frenos (seguro que alguno ha pensado que con menos de 300 mm en reposo no sé cómo se atreve a insinuar su potencia); cuenta con un mordiente y una capacidad de frenada mucho más que suficiente.

Y es que no debemos olvidarnos que es una moto para el carné A2 y por ello no puede intentar sacarte los ojos de las cuencas con una frenada poderosa y un mordiente en los primeros milímetros de recorrido de la maneta. Si lo hiciese, más de un llegado al mundo de las dos ruedas tendría sustos o lo que es peor, la típica caída en ciudad perdiendo la rueda de delante en una zona de no excesivo agarre.

Bonito es el sonido que emana del escape. Un ronroneo peculiar dado el calado del cigüeñal. Da la impresión de tener algo más ahí debajo guardado y pronto lo veremos. Rejoneo un par de coches, lo que me lleva a conseguir dos orejas y salgo por la puerta grande rumbo a la carretera. Han sido veinte minutos y quince kilòmetros recorridos, es hora de ponerse las pilas.

Yamaha MT-07: T -1:37:00 y contando, 185 km para el objetivo

Yamaha MT-07

Señal de fin de velocidad limitada a 50 km/h. Dos abajo hasta segunda y estiramos motor. En cuanto pasamos de las 4.000 vueltas notamos su empuje, que llega al máximo poco más allá de las 6.000 vueltas. Contamos luego con otras 3.000 que podemos usar antes de que la Yamaha MT-07 nos pida una marcha más.

Toda esta operación se hace de una forma muy sencilla gracias al escalado del cuadro, que muestra entre las 4.000 y las 8.000 las barras de mayores dimensiones. Hasta ella es capaz de chivarte dónde se encuentra la zona en la que podrás exprimir todo el potencial de sus casi 75 cv de potencia.

La postura del cuerpo tan adelantada hace que el cuadro de mandos nos quede demasiado abajo y cerca de nosotros, lo que nos obliga a alejar la mirada demasiado de la carretera. Por ello sólo somos capaces de distinguir fugazmente el testigo ECO con el que la Yamaha MT-07 intenta decirnos que estamos siendo buenos con el medio ambiente. Pero inmediatamente la voz de Jeremy Clarkson nos invade y al grito de POWEEERRR!! lo hacemos enmudecer para lo que queda de día.

Yamaha MT-07

Aunque a todos nos gustaría tener más, he de confesar que la potencia y mejor todavía, la forma de entregarla, es la suficiente para y por este orden: divertirse, pasarlo bien e ir rápido. Y es que si te diviertes y lo estás pasando bien, ¿a que se te olvida que no es necesario correr en exceso? Pues lo hace divinamente.

Y lo que es mejor, no empieza a poner en apuros a la parte de ciclo como pasa con la MT-09 cuando le buscas las cosquillas a su bestial tricilíndrico en la parte alta del cuentavueltas y tanto la horquilla como el amortiguador trasero piden clemencia. Aquí y a pesar de que delante pediría un tarado un poco más duro (sobre todo si el reloj sigue decreciendo sus cifras), una vez que se hunde unos centímetros, soporta muy bien el trabajo al que le sometas. Detrás, perfecto, leyendo la carretera como si hubieses perdido una lentilla. Y si no, un par de giros a la precarga te facilitarán las cosas.

Por suerte nuestro viaje nos lleva por un tramo de carretera que conocemos como el pasillo de casa, así que podemos dar rienda suelta a nuestras aptitudes a sus mandos.

Reducimos una marcha, cuarta, mientras aplicamos la potencia justa de frenos. Soltamos y nos lanzamos a devorar la curva a derechas a la que inmediatamente sigue una a izquierdas larga y de doble vértice que se acaba cerrando. Trazamos la primera y tiramos la moto literalmente al otro lado. Con su mínimo peso y nuestra altura que eleva el centro de gravedad, casi acabo trazando la curva antes de tiempo y tengo que rectificar. Morri, cambia el chip que esto que estás llevando es un juguete.

Yamaha MT-07

Estamos apoyados en la curva, abrimos gas levemente antes de que el segundo vértice nos haga tener que aplicarnos levemente en los frenos. Acariciamos suavemente el trasero gracias a su buen tacto y el delantero, contrarrestando con el manillar el efecto giroscópico que hará que la moto tienda a levantarse levemente. Sin embargo, sus discos de freno de diámetro contenido unido al ancho manillar y de nuevo el contenido peso hacen que casi ni se note. Otro punto que valorarán los conductores inexpertos cuando lleguen un poco apurados a una curva.

Ya estamos casi fuera, 6 mil, 7 mil, 8 mil... quinta... Ahora sí oímos perfectamente el motor y nuestros oídos lo agradecen, porque no suena a barata. Y lo mejor es que alguno con deportivas de más de 12.000 euros llegarán hoy a casa preguntándose porqué una moto que pasa por poco el kilo de las antiguas pesetas ha conseguido dejarla atrás en la zona revirada, sólo pudiendo acercarse a ella por motor y viendo como de nuevo se alejaba en la frenada. Amigo, eso se llama dieta y lo que para ti son 200 kilos de testosterona pura, para mi son 179 kilos de diversión y 21 kilos de grasa que he dejado atrás... contigo.

108 kilómetros recorridos en poco más de una hora. Puede que llegue a tiempo ahora que cojo la autopista. T -00:35:25 y contando, 76 km para el objetivo.

Continuará...

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