Los airbag de pago han llegado a las motos: o pagas la suscripción o no te protege si te caes

Compras el chaleco, pero necesitas pagar una suscripción para que el airbag funcione

Cida 1
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John Fernández

La ciencia ficción se ha instaurado en nuestra realidad; lo que hace años parecía una auténtica broma, una fantasía, hoy es absoluto realismo. Lo último no tiene que ver con potencia extra ni con modos de conducción, sino con algo bastante más serio: tu seguridad encima de la moto.

Porque sí, el modelo de suscripción ha llegado también a los airbags para motoristas, tal y como ha enseñado Solomoto.

Pagar... ¿por no caerte?

La idea es sencilla sobre el papel, pero tiene más miga de lo que parece. Tú compras un chaleco airbag como cualquier otro equipamiento: lo pagas, te lo llevas a casa y listo.

Pero no exactamente, porque ese chaleco, por sí solo, no hace nada, sino que necesita una centralita electrónica con sensores y software que detecte la caída y ordene el inflado en milisegundos. Y ahí es donde empieza el negocio.

Porque esa "inteligencia" no siempre está incluida como algo definitivo, sino que en muchas sistemas (como el que se pone de ejemplo, de la empresa francesa In&motion) hay dos caminos: uno, pagas una cantidad elevada de una vez por el software o dos, entras en un modelo de suscripción mensual/anual.

O sea, que puedes comprar el chaleco como un objeto inerte que te pones... pero cuya parte importante, el software, lo que hace que funcione para salvarte la vida, la alquilas.

A esto hemos llegado en pleno 2026. Sin embargo, el planteamiento no es nuevo. Desde hace años, los fabricantes de coches intentaron, intentan y seguirán intentando colar suscripciones para desbloquear funciones que ya venían instaladas, como los asientos calefactables o ciertas mejoras de rendimiento. La reacción fue tan negativa que muchos dieron marcha atrás, pero otros lo siguen manteniendo (y marcas generalistas, premium, usualmente).

Airbag 1

En el terreno de la moto esto está creciendo poco a poco. El mejor ejemplo, KTM, que a los 1.500 kilómetros te corta las ayudas de raíz. Pues ahora llega a los airbags, un elemento de seguridad por el que ya pagas... pero parece ser que no del todo.

El problema llega cuando pones los números sobre la mesa. Puedes encontrar chalecos relativamente "asequibles", pero que dependen de activar ese software para funcionar. Y si eliges la suscripción, estás hablando de unos 10-12 euros al mes adicionales simplemente para que el sistema esté operativo. Si dejas de pagar, el airbag deja de ser un airbag y pasa a ser poco más que una prenda.

Y encima de todo esto, hay otro punto negativo: la durabilidad. Porque si optas por comprar un sistema completo, la garantía puede llegar a ser limitada, lo que abre la puerta a tener que reemplazar componentes caros pasado un tiempo. En cambio, la suscripción suele incluir sustitución en caso de fallo, lo que empuja al usuario, de forma bastante evidente, hacia el modelo de pago recurrente.

A estas reflexiones, suena otra aún mayor: el airbag lleva tiempo sonando como elemento obligatorio. De hecho, la DGT ya lo impone a las autoescuelas para sacarse el carnet de moto, y tantea que también lo sea para el motorista de a pie.

La reflexión es inevitable, llegados a este punto: estamos pasando de comprar productos a pagar por usarlos, incluso cuando ya los tenemos físicamente en casa. Y cuando eso afecta a sistemas que pueden marcar la diferencia entre salir ileso o no de un accidente, la conversación deja de ser tecnológica para convertirse en algo mucho más serio. Esto debería parar.

Imágenes | In&Motion

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