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La enfermedad de MotoGP: la falta de valores y principios

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MotoGP es hoy por hoy el mayor y mejor representante del motociclismo que podamos encontrar. Es la estructura que indirectamente conduce los caminos de los fabricantes, haciendo que el desarrollo y evolución de la competición se vea tarde o temprano reflejado en la calle y, por tanto, en nosotros. Es también el escenario donde sueños y deseos se hacen realidad o donde el talento se pone a prueba carrera tras carrera. Sin embargo, durante estos días me hubiera encantado poder hacer uso de ese escenario que tenemos para hacer realidad algo que tengo dentro. Nada me gustaría más que MotoGP se convirtiera en pura competición, y esto implica también un sentimiento de deportividad y compromiso que escasea. De un tiempo a esta parte se han venido perdiendo valores y principios que rigieron las carreras en otra época; la tolerancia, el respeto o la lealtad son algunos que en ocasiones han brillado por su ausencia.

Desde que Marco Simoncelli protagonizara el incidente con Dani Pedrosa las posiciones y opiniones se han visto radicalizadas, llevadas a extremos irracionales y no propios de un aficionado amante del motociclismo. El carácter internacional de un mundial, que debe considerarse como el mayor tesoro que poseemos, se ha alterado de tal manera que a día de hoy es uno de los grandes puntos de fricción; ya no apoyas más a un piloto porque te gusta su estilo, su personalidad o porque simplemente te cae bien sino que le apoyas porque corre bajo una determinada bandera.

Buena parte de la culpa de la existencia de esa clase de aficionado –o fan, de fanático– la tienen, o tenemos, los medios de comunicación. La televisión, utilizando el éxito de pilotos españoles, ha conseguido llevar el campeonato hasta el último rincón del país alcanzando a toda la sociedad, concibiendo así ‘expertos’ por toda la geografía nacional. Resulta agradable ver como cada vez hay más gente que se engancha a las dos ruedas pero no es así cuando parte de ellos pierden los papeles a la mínima, abandonando cualquier principio o valor en los que se basaran. No es un problema exclusivo de quien asiste como público sino que también los profesionales se han visto infectados por el mismo virus. Ayer Kenan Sofuoglu se llevaba por delante a Julián Simón en una maniobra que muchos han calificado de inevitable. No obstante escuchamos, boquiabiertos y resignados, a Ernest Riveras pedir una nueva sanción para el turco, pero ¿tú lo has pensado antes de decirlo? Las multas y sanciones deben plantearse en casos extremos, con la cabeza fría y cuantas menos veces mejor. Suficiente tenemos con una Guardia Civil y DGT no muy exitosa como para dejar que esa misma tontería invada nuestro querido deporte. Otros como Alberto Puig recurrieron al insulto directo.

Recordemos de nuevo el Simoncelligate; insultos, faltas de respeto, abucheos e incluso amenazas. ¿En qué se ha convertido ésto? Sé que es prácticamente imposible hacer que los estadios de fútbol dejen de ser la vía de escape del enfado e infelicidad de su público, donde casi todo está permitido, pero creo que estamos a tiempo de evitar que MotoGP termine con igual carácter. Marco logró la pole en el Gran Premio de Catalunya gracias a un excelente trabajo y a una vuelta de infarto; los abucheos que recibió al llegar a boxes por nuestra parte no es precisamente lo que mereció.

Por otro lado se encuentra la organización, principal responsable del desarrollo del campeonato. Podría decirse que el trabajo de Dorna ha sido y es excelente si nos fijamos sólo en los números pero la realidad que nuestros sentidos captan es bien distinta. La carrera de la categoría reina ganada por Casey Stoner fue una de las más aburridas que he visto en mucho tiempo y, por mucho que algunos se empeñen en defenderlo alegando que ‘hay que saber mucho de motos para no aburrirte‘, lo cierto es que hasta al más sabio le encanta ver adelantamientos, tensión, nervios y situaciones que fuerzan logros que de otro modo resultarían imposibles. Dorna también ha errado en sus decisiones. Se decidió convocar a reunión a Simoncelli antes del GP de Catalunya y al salir el italiano decía por su boca palabras que le estaban doliendo en lo más profundo. ¿Por qué? Porque se necesitaba un mea culpa para enfriar el ambiente. Pero parece que no les ha salido demasiado bien la jugada, la grada se comportó de la manera que lo hizo y Marco se estuvo quieto durante toda la carrera probablemente gracias a todo esto. Dorna ha dejado también que los intereses económicos y los patrocinadores desfiguren la competición creando una burbuja que en algún momento tendría que explotar.

Sospecho que eso no es lo que queremos. No queremos una cabalgata de cracks como diría Fausto. Comienza a ser urgente la introducción de serios cambios tanto en la normativa como en la forma de aplicarla. Además los pilotos deben ser conscientes de dónde están, de quienes son. Porque para miles de niños y niñas son considerados auténticos héroes y deben ser los portadores de los valores más humanos que existan. En la pista el piloto que tienes delante es tu rival, tu contrincante pero cuando te bajas de la moto y estáis en el parque cerrado no deja de ser otra persona que ama las motos tanto como tú hasta el punto de dedicar su vida a ello. ¿No sería mejor conocerse y aprender unos de otros?

Esta enfermedad tiene cura sólo con la introducción de cambios que traigan aire fresco al ambiente viciado de MotoGP. Volcamos nuestra esperanza en 2012 pero sería conveniente no hacerse demasiadas ilusiones. Pidamos un campeonato limpio, pidamos deporte, motociclismo y competición basado en el respeto, la tolerancia o el afán de superación y dejemos de pedir cabezas.

Foto vía | MotoGP
En Motorpasión Moto | MotoGP 2011

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