Una abuela de 93 años pidió como deseo volver a montar en moto. Su regalo fue subirse una Suzuki Hayabusa de 1.300 cc

A los 93 años, Sheila ha cumplido su sueño de montar en moto por primera vez... Y en menuda moto

Motera
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John Fernández

Las motos no tienen edad en el sentido sentimental: aunque el cuerpo a veces diga "basta", el corazón dice "sigue"... O directamente, "arranca". Es el caso de Sheila De Caux, una mujer de 92 años que hace una semana cumplía 93, y por su cumpleaños, solo deseaba una cosa muy concreta: montar en moto.

La televisión local, junto a su nieto, motero de pura cepa, le concedieron el deseo de montar en moto por primera vez en su vida, y a los 93 años. Y no había una moto más bestia para hacerlo: encima de una Suzuki Hayabusa.

Nunca es tarde para subirse a una Hayabusa y cumplir un sueño

93 años es casi un siglo de vida, y durante ese tiempo, muchos deseos quedan en el olvido, pero nunca terminan de marchase, como el de montar en moto. El nieto de esta mujer, Sheila, tenía desde hace años una Suzuki Hayabusa (el halcón japonés; la que en su día fue la moto de producción más bestia del planeta). Y ella siempre le pidió montar.

Sin embargo, lo de 'dejarlo para mañana' se alargó unos cuantos años en este caso... Concretamente hasta que la mujer cumplió 93. En ese momento, su familia decidió darla una sorpresa el pasado 9 de marzo, y llamaron a la televisión para darla una sorpresa y además, tenerlo grabado para siempre.

Saliendo del restaurante en el que comieron, fuera estaba esperándole su nieto con la Hayabusa, una chaqueta y un casco. La sorpresa de la mujer es simplemente contagiosa: "Estoy en shock, no tengo palabras. Mi sueño es ir en la parte trasera de la moto de mi nieto", dice. Así que dicho y hecho.

La mujer se viste con los ropajes moteros y un casco que, bueno, le queda algo grande. El motor de la 1.300 cc de la Hayabusa ruge y con cautela, su nieto la lleva a dar un paseo encima de la moto japonesa mientras ella se agarra bien a él.

"Ha sido fantástico. Iba suficientemente rápido, estuvo bien. Será un recuerdo para mí, para siempre, y se lo todo todo a mi querido nieto", cuenta con entusiasmo a la televisión local.

Y así es como se puede hacer feliz a alguien con un simple gesto encima de una moto... Lo curioso es que, en una época obsesionada con cifras, prestaciones y comparativas, esta historia pone todo eso en segundo plano. Da igual que fuese una Hayabusa de 1.300 cc, una de las motos más rápidas de su tiempo, o que su pasajera apenas pudiera ver con claridad. Lo importante es lo que sintió.

Porque no, las motos no entienden de edad. Tampoco de limitaciones. Entienden de momentos. Y Sheila, con 93 años, acaba de vivir uno que muchos todavía tenemos pendiente.

Imágenes | Captura

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