El verdadero problema no es China: es el cambio de rumbo de las marcas japonesas en los últimos años
Estoy a punto de comprarme una moto japonesa, y solo he tenido motos japonesas. Pero no vengo aquí a contarte eso, sino para avanzar que esto no es nada personal, sino un análisis tremendamente objetivo de lo que está pasando en el mercado de las motos.
China, otra vez es la protagonista de hoy. Y empezaré diciendo que China no va a por Ducati, ni a por BMW, ni siquiera a por KTM. Esto es un China-Japón en toda regla (Honda vende 20 millones de motos al año; Ducati, unas 50.000, parece obvio a por quién van, ¿no?), y como los nipones no espabilen, lo que el usuario final ya está entendiendo e interiorizando, las marcas japonesas parece que no.
El problema no es que China haya llegado, es que Japón ha cambiado
Pero, ¿de qué hablas, John? Pues mira, te lo resumiré rápidamente: en que Japón hace 15 años te vendía una Yamaha R6, de las de la buena época, con componentes de primer nivel, por cuatro duros. Ahora tienes la opción a elegir entre una Yamaha R7 a 10.499 o una Yamaha R9 a 13.999 euros. Ni R6 ni R1. Y no sueñes con componentes de primer nivel como la R6 en su día. Te dan menos y te suben más el precio, esa es la estrategia japonesa ahora.
Los chinos, muy listos, en cambio, han seguido la estrategia japonesa de hace 10, 15 o 20 años: la estrategia de darte algo igual, incluso mejor, y por mucho menos dinero. Échenle la culpa a la producción masiva, a las joint-venture con europeos o a que los motores lleguen ya ensamblados a la fábrica. Pero lo han conseguido, nada que no deje de hacer Japón.
Y luego está el tema de las calidades, porque, Japón, quien te ha visto y quien te ve, y aquí hay un matiz importante. Durante mucho tiempo el discurso ha sido sencillo: las motos chinas son más baratas, sí, pero con esa sensación de ser peores porque las marcas chinas estaban en una época tempranera, de exploración. Sin embargo, ahora mismo, eso empieza a no ser tan evidente.
Solo nos tenemos que dar un rodeo por los catálogos chinos para entender cómo se traslada todo esto a la práctica, y comparar. Las trail son las más claras exponentes: Voge 800DS Rally, 7.888 euros con componentes Kayaba, frenada Nissin, 204 kilos, 95 CV... Al usuario medio que no va de Pol Tarrés por la vida, le vale. Y no lo digo yo, sino los rankings de venta (es la primera moto no scooter más vendida en España ya). Zontes 703RR, 7.688 euros con suspensiones Marzocchi, frenos Brembo, equipamiento de gama alta…
Ahora, nos vamos a la competencia. Aunque para muchos es una comparación diabólica, Yamaha Téneré, 11.199 euros. Sí, todo mejor, pero muchos no quieren gastarse 3.311 euros más. Y si dudas, el ranking de ventas te lo deja bien claro. Contra la Zontes, una Yamaha R9 tricilíndrica, 13.999 euros. La diferencia contra la Zontes es de 6.311 euros. Pero nos podemos ir a otra moto del pelo, con semi manillares altos, aunque con un cilindro más: una Honda CBR650R cuesta 10.650 euros con la misma potencia. Ni su CBR600RR costaba eso hace años.
Ahí es donde empieza a cambiar la conversación. Durante años, las marcas japonesas dominaron con una receta muy clara de producto redondo, fiable, bien equipado y a buen precio. Pero esa ecuación se ha ido desplazando y hoy, en muchos casos, ofrecen motos más contenidas, con menos componentes premium y precios más altos. No es un problema de una marca concreta (aunque Honda o Yamaha son los ejemplos más evidentes) sino una tendencia general. Así que, el cliente que no es tonto, elige la moto china. Las japonesas sobreviven también por los scooters, y porque han fidelizado a un cliente en un mercado muy caprichoso (nadie se compra una moto grande por versatilidad).
Y mientras tanto, China ha hecho justo lo contrario: entrar por abajo, aprender rápido y empezar a escalar. Y no es que estén haciendo motos perfectas, porque tampoco es eso. El punto clave está en la percepción del usuario: cuando ves dos motos con cifras similares, una con mejores componentes y, además, más barata, la duda empieza a aparecer. Y eso, hace unos años, directamente no existía.
Luego está el factor que todavía mantiene cierto equilibrio: el tiempo. La fiabilidad a largo plazo sigue siendo el gran argumento de Japón y es lo que muchos compradores siguen valorando cuando dudan. Aunque en los últimos tiempos esta idea parece estar tambaleándose con problemas como los de Honda o Kawasaki.
Porque si las marcas chinas consiguen demostrar que también pueden sostener esa durabilidad, la diferencia deja de ser estructural y pasa a ser simplemente de precio y equipamiento. Y ahí, ahora mismo, están jugando mejor sus cartas.
Los románticos y bandidos por las marcas somos pocos ya; el mercado puro empieza a mandar, y hoy por hoy, la sensación es bastante clara: no es tanto que China lo esté haciendo perfecto, sino que Japón ha dejado espacio. Y ya sabéis que pasa cuando se deja espacio, que alguien lo ocupa. Japón, espabila, que estás a tiempo.
Imágenes | Honda, Yamaha, ZXMoto
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