¿Nos hemos vuelto locos con el carbono? Ducati y BMW declaran la guerra al peso, y a las motos baratas

Menuda fiebre loca que se ha desatado en el Salón de Milán con la fibra de carbono. Sabíamos que Ducati presentaría su exageradamente atractiva 1299 Superleggera y pensábamos que serían los únicos en satisfacer las ansias de los más fetichistas, pero BMW Motorrad nos ha sorprendido un una versión de su S 1000 RR que podría hacer sombra a la italiana.

La BMW HP4 Race es otra demencia de moto que emplea al igual que la montura de Borgo Panigale carenado, llantas y ¡chasis! de fibra de carbono. Podrían parecer motos similares pero para nada lo son. El esquema de diseño de ambas superbike europeas es completamente distinto y ahí precisamente es donde reside la belleza de este enfrentamiento virtual repleto de materiales ligeros.

Duelo al carbono en el viejo continente

En una esquina del cuadrilátero, la Ducati 1299 Superleggera quizá fuese la menos sorprendente de las deportivas a la carbonara. Nos podíamos esperar algo así del fabricante italiano, normalmente próximo a un perfil de cliente muy premium, coleccionista, al que le pirran las ediciones especiales y exóticas.

De hecho la moto presentada en el Salón de Milán tiene un antecedente directo y muy bien acogido entre el público: la Ducati 1199 Superleggera. Si recuerdas, aquella Panigale también era una versión aligerada al máximo y potenciada.

El chasis monocasco y las llantas se fabricaban en magnesio para sumar sólo 155 kg sobre la báscula, el motor Superquadro autoportante se anfetaminaba hasta los 205 cv con piezas del WSBK. El bicilíndrico que emplea la 1299 Superleggera se basa en el de la 1199, también emplea piezas en magnesio y tungsteno para reducir el peso, pero se aprieta aún más para elevar su cifra de potencia máxima hasta los 215 cv.

El salto adelante también ha venido de la mano del precio, pasando de los 70.000 euros a los 92.000, un dinero que aunque tuvieses no te valdría de nada si no eres uno de los mejores clientes de Ducati.

En la otra esquina del ring nos espera una misteriosa moto alemana. Usando como base la conocida BMW S 1000 RR en su última versión de 2015, los ingenieros de la marca de la hélice han desarrollado la HP4 Race, una moto que vendría a ocupar el espacio dejado por la HP4 anterior e ir un paso más lejos adentrándose en el poco explorado mundo de la fibra de carbono.

Con poco explorado me refiero a lo que se refiere en motos de calle, porque esta HP4 Race hereda buena parte de la experiencia que la BMW Motorrad ha adquirido durante sus últimos años en las carreras del Campeonato del Mundo de Superbikes.

No hay más datos más allá del anuncio que será en primavera de 2017 cuando conozcamos todos los detalles y los planes para la versión definitiva de producción. Vamos, que es un prototipo pero viene en camino una versión con faros y matrícula.

Ahora la pregunta es: ¿estas motos para qué valen? Efectivamente, no pueden ser más fascinantes, místicas y atractivas. Lucen sin pudor ninguno sus encantos de fibra negra barnizados y nos hacen desearlas con cada latido de nuestro corazón. Pero, ¿tienen sentido?

Quiero decir, para el uso de un particular no valen ese dineral. Nadie en su sano juicio se gastaría casi 100.000 euros en una moto para hacer curvas el domingo, exponerte a accidentes entre el tráfico o las codiciosas miradas de los amigos de lo ajeno. ¿O sí? Si tienes ese dinero y te quieres dar el capricho, ¡adelante! A mí, la felicidad que me daría tener una moto de este porte sería directamente proporcional al miedo atroz de que la pudiera pasar algo.

La segunda opción es que tuvieran una justificación deportiva, que fueran motos destinadas a homologarse para poder competir con su base en el Campeonato del Mundo de Superbikes. El reglamento del WSBK nos dice que antes del inicio del campeonato de cada modelo deberían fabricarse (y homologarse) 125 unidades y tener 250 a final del año.

Hasta aquí bien, porque Ducati ha anunciado que hará 500 joyas bajo el nombre de 1299 Superleggera (no sabemos cuántas se fabricarán de la BMW HP4 Race). El problema viene cuando el reglamento pide que a finales del año siguiente se hayan producido otras 1.000.

Pues malamente. Ya vimos cómo Bimota tuvo que quedarse fuera del mundial de Superbikes al no conseguir el número suficiente de motos destinadas a la venta (aunque la FIM incluso modificó el reglamento para que les fuese más fácil). Así que tanto italianos como alemanes seguirán disputando el campeonato con las Ducati Panigale R y BMW S 1000 RR. Además, y por si se te había escapado el detalle, la Superleggera la cilindrada de la nueva Superleggera es superior a la permitida por el reglamento.

¿Y entonces? ¿Cómo están tan cotizadas estas motos que no valen para demasiado? Estarás conmigo en que tienes que tener las cuentas muy saneadas para comprar una de estas motos y ponerte a hacer tandas. Habrá gente que lo haga y olé por ellos, pero una caída puede aniquilar una pieza que roza el arte.

La justificación principal de estas motos es, simplemente, el dinero. Da pena, mucha, pero estas versiones tan especiales son muy difíciles de ver, no sólo por las pocas unidades fabricadas, sino también porque pasarán sus días encerradas en un garaje, en una sala de exposición privada o, simplemente, metidas en una caja esperando que pase el tiempo y se revaloricen.

El dinero llama al dinero. Si tienes 100.000 euros para gastarte en una moto que no vas a usar, pues mejor si dentro de 10 años esa inversión ha multiplicado su valor por un tanto por ciento. En la industria de la automoción esto lleva pasando muchos años, pero en la última década se ha disparado el número de fábricas que desarrollan tiradas ultra-cortas o incluso one-off para un cliente en particular.

Esto está empezando a suceder con las motos, y el ejemplo más claro lo tuvimos hace bastante poco con la MV Agusta F4Z. Una marca generalista no se lanzará a este tipo de operaciones, pero los pequeños fabricantes pueden dejarse querer por los coleccionistas más pudientes y hacer el agosto en mucho menos tiempo que vendiendo sus modelos asequibles.

¿Y esto está mal? No, pero da mucha rabia. Bueno, sí, y envidia también. Pero hay que alegrarse por los fabricantes porque consiguen inyecciones de cash que les permiten seguir deleitándonos con nuevas creaciones. Tomando el ejemplo de la Superleggera, si fabrican 500 a un precio de 92.000 euros cada una suman un total de, espera, 46 millones de euros.

No sé a ti, pero a mí me parecen casi 50 millones de razones por los que fabricar una moto. Aunque entre las 500 juntas no vayan a recorrer ni el kilometraje para la primera revisión.

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