Hace 40 años Suzuki quiso revolucionar el mundo con una moto sin cadena, sin horquilla y sin amortiguadores. Fue un fracaso rotundo

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Una superbike que en los años '80 rompió con todo, pero que Suzuki no tuvo suficientes agallas de vender

John Fernández

Corría el año 1985 cuando Suzuki apareció en el Tokyo Motor Show con una criatura salida de un sueño techno. Se llamaba Falcorustyco, y era tan extraña como su nombre.

Era una superbike sin cadena, sin horquilla, sin amortiguadores visibles y básicamente, sin nada que recordara a una moto tradicional. Y por eso mismo, también era inolvidable.

Una Suzuki que parecía una nave espacial, literalmente

Visualmente, la Falcorustyco parecía diseñada por Syd Mead (el mítico diseñador futurista): chasis monocasco, colín flotante, carenado total con formas rectilíneas y futuristas que parecían algo totalmente rompedor en aquellos días (incluso hoy), pero lo verdaderamente rompedor estaba en lo que no tenía.

Lo curioso es que no había cadena ni correa y cada rueda tenía su propio sistema de transmisión hidráulica. La trasera recibía la potencia directamente desde una bomba integrada en el chasis y no tenía ni engranajes, ni poleas: presión de fluido. Tampoco había horquilla convencional, sino una suspensión delantera por basculante, con monoamortiguadores ocultos. Y lo mismo detrás.

Los frenos eran integrados en las ruedas, sin discos visibles. Y la dirección no era por barra, sino por un sistema hidráulico similar a la servodirección de un coche, conectado a una especie de joystick estilizado.

Motor de GSX-R, alma de experimento. Suzuki usó como base el tetracilíndrico en línea de la GSX-R750, pero integrado en un bastidor completamente diferente, y quedaba claro que no era una moto funcional al 100%, sino un prototipo rodante de tecnologías futuristas.

¿Funcionaba? En parte. Algunos medios especializados llegaron a probar una versión estática y otra que se movía en circuito cerrado, pero siempre asistida por técnicos... Y la pena es que nunca estuvo cerca de producción.

El futuro que nunca llegó porque realmente la Falcorustyco fue una demostración de fuerza, una provocación conceptual; un experimento sobre qué pasaría si se reinventaran todas las partes de una moto.

Tampoco llegó nunca al mercado. Ninguna de sus ideas cuajó comercialmente, aunque muchas inspiraron desarrollos posteriores: chasis integrales, suspensiones alternativas, frenos internos… incluso la moto hidráulica experimental de Yamaha en los 2000.

Suzuki no volvió a hacer nada parecido. Pero el impacto de aquella criatura blanca, extraña y elegante aún resuena. Porque a veces, lo que marca el futuro no es lo que se fabrica, sino lo que se atreve a imaginarse. Ejemplo: la Yamaha Motoroid en nuestro presente.

Imágenes | Suzuki

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