El primer patinete eléctrico de la historia es español, tiene más de 50 años, costaba 120.000 pesetas

Con toda la revolución que ha supuesto en los últimos meses la llegada masiva de patinetes eléctricos de diversas marcas y tipos, cuesta creer que los inicios de este VMP o Vehículo de Movilidad Personal, como se le hace llamar ahora, se remonten tantos años atrás.

Pero la realidad es que hubo gente que pensó en sistemas similares para recorrer unas relativamente cortas distancias, como las que puede hacer una persona para ir y volver de su centro de trabajo. Uno de ellos fue Joan Ferret, un vecino de El Vendrell capaz de comercializar su Fervepatín de propulsión eléctrica en hasta 34 países. Tras hablar con él, te contamos qué le llevó a fabricarlo y cómo fueron aquellos años.

El Fervepatín de Joan Ferret alcanzaba los 8 km/h y tenía una autonomía de hasta ocho horas

A la izquierda puedes ver un prototipo y a la derecha la versión definitiva del Fervepatín.

La fiebre del patinete eléctrico es algo relativamente reciente, con un período de 2019 en el que las ventas crecieron un 1.021%, gracias unos precios de mercado que se han mantenido estables en unos 300 euros por unidad, lo que ha hecho que parte de la gente que antes los alquilaba a empresas emergentes en las principales ciudades, se haya decantado por tener uno en propiedad.

Pocos saben que hace 52 años un español inventó algo tan parecido a los patinetes eléctricos que utilizamos actualmente. Hablamos de Joan Ferret, hijo de Bienvenido, quien por aquel entonces estaba al frente de la dirección de FERVE, una empresa fundada en 1940 por su padre y dedicada en gran parte a la fabricación de cargadores de baterías.

De entre todas sus creaciones, una de ellas fue un patinete con sistema de propulsión eléctrico que fue perfeccionando con el paso del tiempo. Ferret nos cuenta que la idea se le ocurrió "al ver que en algunos aeropuertos utilizaban vehículos que funcionaban con batería para el transporte de equipajes o de personas. Entonces pensé en desarrollar un vehículo más práctico y modesto pero con la misma tecnología y que pudiéramos comercializar".

Así es como empezó a trabajar en un modelo que pudiera ponerse a la venta para grandes fábricas o almacenes en las que los trabajadores pudieran moverse más rápido y cansarse menos, con la consiguiente eficiencia o eso es lo que dictaba al menos su publicidad.

"En ocasiones yo lo utilicé para desplazarme desde mi domicilio a la fábrica pero el Fervepatín estaba dirigido a trabajadores en grandes instalaciones" - Joan Ferret

De aquel momento recuerda que apenas pasaron seis meses desde que creó el primer boceto hasta la puesta a la venta. Para Ferret, lo más complicado fue diseñar la carrocería y encontrar los proveedores para distintas piezas, todas ellas adquiridas a nivel nacional, salvo los neumáticos, que tuvieron que importarlos.

Los prototipos los probaba durante la noche por la Rambla del Vendrell para no llamar mucho la atención entre los vecinos pero Joan ya tenía experiencia en esto de la construcción de vehículos eléctricos.

Y es que un año antes había creado el Fervelectric, el primer coche con sistema de propulsión 'cero emisiones' matriculado España, que estuvo expuesto como prototipo durante el II Salón del Automóvil de Barcelona de 1967.

De todo el trabajo que hizo saldría su Fervepatín, un patinete 'limpio' con una unidad eléctrica capaz de acelerar hasta los 8 km/h y alimentado con una batería de 12 V que hacía posible un uso por cada carga completa de entre siete y ocho horas.

Joan Ferret: "Quizá no supimos dirigirnos a su cliente potencial, o más bien creo que simplemente aún no había llegado la hora para este tipo de vehículos".

Este VMP incorporaba una rueda en el eje delantero y dos en el trasero, siendo capaz de mover pesos de hasta 150 kg y marcando en la báscula tan solo (guiño, guiño) 82 kg. Entre los componentes que lo completaban encontramos una carrocería de fibra de vidrio, un chasis de tubo de acero rígido, un claxon, un faro delantero y un cargador que se indicaba como 'accesorio especial' y que permitía cargas a 10 A de intensidad.

El patinete de Ferret se hacía bajo pedido y su creador viajó a eventos nacionales e internacionales, en los que convenció a empresarios de 34 países distintos para que lo incorporasen como herramienta de trabajo en sus fábricas. Pero la realidad es que hicieron un total de 50 unidades y en 1970 decidieron abandonar el proyecto.

El hecho de comprar piezas en pequeñas cantidades también supuso un handicap a la hora de ponerle precio, ya que vendían dos modelos (uno de ellos con asiento) y el coste era de unas 119.125 pesetas, que ahora serían 716 euros. Una fortuna para la época, sobre todo sin tener en cuenta la inflación, que llevaría su precio hoy hasta unos 20.000 euros.

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