El rojo nació como un simple código entre países, pero Ducati lo convirtió en una seña de identidad reconocible en todo el mundo
Hay una impresión en la que seguramente, no muchos se han parado a pensar: ¿a qué color atribuirías usualmente los coches y motos italianos? Rojo, ¿verdad? Sí. El rojo italiano es pura identidad, como el verde lima es cosa de Kawasaki.
Si hoy piensas en una Ducati, la imagen es automática (y no por MotoGP o Marc Márquez): rojo pasional. Sin embargo, y lo interesante viene aquí, es que no siempre fue así, y que detrás de ese tono hay bastante más que simple marketing. Hay historia.
Ducati no siempre fue roja
Nos remontamos a principios del siglo XX, cuando las carreras eran prácticamente una guerra de nacionalidades; un impulso entre países donde cada nación competía con un color asignado, y muy representativo, todo sea dicho, porque se basaba en algún color de su bandera. Así, Francia iba de azul, Reino Unido de verde, los españoles íbamos de amarillo... y los italianos, de rojo.
Aunque ahora parezca algo indubitablemente pasional y romántico, entonces no lo era. Se trataba, simplemente, de una cuestión organizativa en ciertas pruebas como la copa Gordon Bennett y otras tantas. Con el color, te identificaban. Fin.
El caso es que aquello terminó cuajando, y durante las décadas siguientes, ese rojo empezó a asociarse con las victorias italianas en competición, pero no solo en motos, sino también en coches. Así, marcas como Alfa Romeo o Maserati lo convirtieron en su color de guerra, de ganadores.
El tiempo pasó, y los italianos adoptaron ese rojo con nombre y apellidos, incluso: el 'Rosso Corsa'. Aunque en realidad, nunca ha sido un único rojo en concreto, sino una familia de tonos muy vivos pensados para destacar en pista.
Llegaron los años '60, y entonces la publicidad y los patrocinadores. Para algunos, dejó de tener sentido seguir utilizando ese color; para otros, no. Y ahí es donde algunas marcas como Ferrari decidieron mantener ese rojo por pura convicción.
El caso concreto de las motos
En motos, sin embargo, la historia fue algo más lenta, compartida a medias. Durante buena parte del siglo pasado, cuando nacieron las marcas, los italianos no tenían una clara coherencia cromática. De hecho, Ducati en sus primeras etapas apostaba más por acabados metálicos o plateados que por el rojo.
El punto de inflexión, digamos, llegó entre finales de los años '80 y '90, cuando Ducati entra con fuerza en el Mundial de Superbikes y necesitaba algo más que rendimiento; ser reconocible. Y ahí el rojo les encajó como un guante.
Modelos como las Ducati 851, las 888 o las 916 terminaron de fijar ese ADN (que incluso a veces, venía en color amarillo).
Aprovechándose de ese vestigio del color rojo en las carreras, Ducati ha sido la que más ha explotado ese 'rosso' en las últimas décadas. Pero prueba de que la historia no es solo de una marca, otras marcas italianas también han jugado con ese mismo código, cada una a su manera.
MV Agusta fue combinando el rojo con el plata, caracterízándose por esa elegancia, además de agresividad.
Moto Guzzi, en cambio, fue alternando rojo, verde y acabados mucho más clásicos.
Cagiva, la gran Cagiva, reforzó también ese vínculo en competición con las motos rojas y esa historia ligada/paralela a Ducati.
Gilera apostó por combinar los esquemas rojo y negro más radicales.
Sin embargo, ninguna de ellas ha sido tan constante como Ducati en los últimos 40 años.
Imágenes | Ducati, Cagiva, MV Agusta
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