Yamaha MT-07, prueba (conducción en autopista y pasajero)

Sin tiempo para respirar me lanzo en busca de la autopista a lomos de la Yamaha MT-07. El tráfico ha aumentado en su intensidad y me obliga a jugar un poco al rato y al ratón con los coches para conseguir perder el menor tiempo posible hasta alcanzar la incorporación más próxima.

Por suerte y hasta el objetivo, poco menos de ochenta kilómetros en los que prácticamente los haré todos por vías de dos carriles así que no debería tener demasiados problemas. Sé que rozaré la ilegalidad durante le trayecto, pero en este momento la curiosidad me corroe ya por dentro.

Yamaha MT-07: T -00:35:25 y contando, 76 km para el objetivo

Enrosco a fondo la Yamaha MT-07 en segunda en el carril de aceleración y rápidamente noto como por encima de las 6.000 vueltas la rueda delantera empieza a perder contacto con el asfalto. Tercera y de nuevo se repite la historia. Para tener "sólo" 75 cv, los sabe emplear muy bien la condenada.

Ya a velocidad de crucero retraso mi posición en el asiento, algo que me permite sin mayores problemas a pesar de mi tamaño XL. Agacho la cabeza y busco una penetración aerodinámica mejor. El azote del viento no me preocupa en exceso. En una naked no se puede esperar protección aerodinámica y quien se queje de eso, es que directamente no pensó en lo que estaba comprando.

Los kilómetros van pasando sin que mi cuerpo, ya con más de 150 km a sus espaldas más los de la noche anterior, haya sufrido la más mínima muestra de fatiga. Ni las muñecas, ni los brazos ni las rodillas acusa el paso de los kilómetros. Incluso las posaderas. A estas alturas en su hermana, la MT-09, con menos mullido en el asiento ya pedía un cambio de postura. Sin embargo la Yamaha MT-07 es mucho más amable con nosotros en todos los sentidos.

También es más amable en trayectos largos. Las suspensiones relativamente blandas (o debería decir equilibradas para la moto) filtran muy bien las irregularidades pero tampoco se descomponen al cruzar por bañeras, resaltos, juntas de dilatación o curvones a alta velocidad.

La misma precisión que nos mostró en carretera, con esos mínimos cabeceos en la fase principal de hundimiento de la horquilla, los deja ver aquí pero en ningún momento nos quita confianza. Atrás, perfecta, sigue leyendo la carretera con toda atención.

Nos vemos obligados a cortar gas al encontrar en nuestro carril un vehículo más lento. Una vez que ha vuelto a la derecha, abrimos de nuevo y su recuperación es más que satisfactoria. No necesitamos bajar marcha para conseguir una aceleración más que suficiente.

¿Cuánto tiempo nos queda? ¿Cuánta distancia? Poco más de tres minutos y quizás un par de kilómetros ya que el objetivo se encuentra nada más abandonar la autopista. ¿Quién será la persona que me ha convocado aquí? Y lo más importante, ¿para qué y por qué en estas condiciones y sobre la Yamaha MT-07?

Yamaha MT-07: T -00:00:15 y contando, objetivo alcanzado

Es la siguiente salida. Conecto el intermitente derecho de la Yamaha MT-07 (ir con prisas no significa hacer lo que queramos) y distingo a lo lejos una silueta completamente negra al lado de la carretera. Mantengo la velocidad hasta el último momento donde me aplico a los frenos con contundencia. Ya sabemos que hay mordiente de sobra y potencia así que tonterías, las justas.

Detengo la moto y giro la cabeza. Efectivamente la silueta que se encuentra a mi lado viste completamente de oscuro, de la cabeza a los pies. Por sus formas, no sabría decir si es un hombre o una mujer. Intento ver algo a través de su pantalla tintada, pero es negra como la noche y no distingo más que mi propio reflejo.

Levanto la visera para coger algo de aire fresco y a la vez preguntarle qué demonios estoy haciendo aquí. Pero antes de que pueda articular palabra, un rápido gesto con su brazo, casi felino, hace desplegar la estribera trasera. Apoya su pierna y se sube en la parte de atrás. De nuevo con otra maniobra casi robótica coloca la otra estribera con el tacón de la bota y me da dos golpes en el hombro.

¿Qué arranque? ¿Hacia dónde? De nuevo, antes de que me pueda girar para que vea mi cara de incredulidad, levanta su mano derecha y señala hacia el horizonte. Sigo su dedo índice enfundado en el guante y a lo lejos consigo distinguir un destello, similar al que emitía la Yamaha MT-07 cuando estaba estacionada debajo de casa.

Arranco y me dirijo hacia allí. No son muchos kilómetros aunque no importaría demasiado ya que la Yamaha MT-07 es mucho más amigable con el pasajero de lo que lo es la MT-09. Las estriberas no están colocadas en el segundo piso con un asiento mínimo que recuerda a un palomar.

En este caso la altura a la que nuestro desconocido pasajero lleva las piernas podemos decir que es bastante normal. Y el asiento, aunque no es para tirar cohetes, si que permite ciertas alegrías. Sin embargo, lo que no tenemos es ningún tipo de asa disimulada debajo del colín (al menos yo no llamaría como tal los dos salientes que se pueden ver), por lo que no tiene más remedio que agarrarse a nosotros a la vez que apoya una de sus manos en el depósito de combustible.

No queda mucho para llegar allí por lo que espero que una vez de todas, me puedan aclarar todo este misterio que me mantiene completamente desconcertado.

Continuará...

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