En plena tierra de Papá Noel, motos con clavos y luces LED permiten seguir rodando cuando el frío y la falta de luz lo ponen todo en contra
El paraíso motero invernal es un circuito en Laponia que, contra todo lo que dicta el sentido común, no se apaga cuando llega la noche ni cuando el termómetro cae muy por debajo de cero. Al contrario: se enciende. Literalmente.
En el norte de Finlandia, en plena tierra de Papá Noel, existe un complejo de conducción sobre nieve que se ha ganado fama entre fabricantes, pilotos y aficionados por ser uno de los escenarios más extremos (y bellos) del mundo para rodar.
Rodar en moto sobre nieve, incluso cuando cae la noche en Laponia
Allí, donde durante el invierno apenas hay horas de luz, un grupo local ha decidido darle la vuelta a la lógica y convertir la oscuridad en parte del espectáculo.
La idea es tan simple como efectiva. Delimitar el trazado con tiras LED visibles desde lejos, marcando curvas, rectas y zonas clave del circuito, y permitir que motos y coches sigan rodando cuando el sol desaparece del horizonte. El resultado es una pista sobre nieve que, de noche, parece sacada de un decorado de fantasía: líneas de luz flotando sobre un paisaje completamente blanco, con el ruido de los motores rompiendo el silencio del Ártico.
No es un parque temático ni un montaje puntual. El circuito forma parte de un centro de conducción que opera todo el año y que se utiliza habitualmente para pruebas en condiciones de frío extremo. Por allí pasan fabricantes para desarrollar motos y coches, pero también se organizan experiencias para aficionados, con motos de enduro equipadas con neumáticos de clavos, todoterrenos e incluso coches de rally preparados para deslizar sobre hielo.
El trazado iluminado ha sido obra de Stunt Freaks, un equipo finlandés especializado en exhibiciones, que buscaba crear algo distinto incluso para un lugar acostumbrado a lo extremo. No se trata de batir tiempos ni de competir, sino de disfrutar de la conducción en un entorno que lo cambia todo: la referencia visual, la percepción de la velocidad y la forma de leer el terreno.
Rodar de noche sobre nieve ya es una experiencia exigente. Hacerlo con un circuito iluminado en medio de Laponia lo convierte en algo difícil de olvidar. Y también en un recordatorio claro de que, incluso en el invierno más duro, las motos siguen teniendo su espacio. Solo hay que saber dónde encender la luz.
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