El día que Kevin Schwantz cometió la "inconsciencia" de correr con su moto de GP entre los muros de Macao y... ¡arrasó!

Hace escasas dos semanas se celebró la 52 edición del GP de Macao en el circuito asiático da Guía con tercera victoria para Peter Hickman, una de las carreras urbanas más famosas del mundo que alberga diversas competiciones de coches y una de Superbike.

Con los dedos de una mano podemos contar las grandes estrellas que han corrido y ganado en Macao (Ron Haslam, Robert Dunlop, JohnMcGuinnes, Carl Fogarty...), pero hay uno que destaca de entre todos ellos: Kevin Schwantz. Hace 30 años el estadounidense se plantó con su moto de Gran Premio en el circuito urbano y no sólo se llevó la victoria, arrasó.

Kevin Schwantz logró una victoria inolvidable en Macao para Suzuki

A día de hoy sería impensable que un piloto mundialista se la jugase una road race mientras disputa un campeonato Superbike o MotoGP. A pesar de que todos corren un riesgo alto en sus disciplinas, las carreras urbanas tienen un plus de peligrosidad por las altas velocidades a las que se rueda en entre farolas, árboles, bordillos y muros. Cualquier caída puede resultar fatal o condicionar su estado físico para el resto de la temporada.

Antes no solamente se permitía a los pilotos del Campeonato del Mundo de Velocidad participar en road races. Algunas, como es el caso del TT de la Isla de Man, formaron parte del calendario oficial del mundial de motociclismo del año 1949 al 1976 como si de un Gran Premio más se tratase.

Precisamente en una road race dentro del mundial hay que recordar a Santi Herrero, quien perdió la vida en 1970 disputando el Tourist Trophy de Isla de Man. Desde entonces, la Federación Española de Motociclimo dejó de dar licencias a los pilotos para correr en carreras urbanas.

Volviendo al circuito da Guia, el GP de Macao se desarrolla es una pista de 6.120 metros de longitud que alberga cada noviembre una de las carreras urbanas más espectaculares y peligrosas del mundo. Sin escapatorias; sólo muros y protecciones delimitan el recorrido de una complicadísima pista que discurre por la ciudad de Las Vegas asiática.

Pocos se han atrevido a correr allí, pero Kevin Schwantz antes de convertirse en una leyenda del motociclismo dejó a todo el paddock mundialista con la mandíbula desencajada en 1988. El piloto texano consiguió recibir el beneplácito de Suzuki para cruzar medio mundo y colocar la indomable RGV500 de dos tiempos en la parrilla de una de las pruebas más arriesgadas del planeta.

Desde el principio de la carrera el texano impuso su ley y comenzó a abrir hueco sobre sus rivales. Ese hueco se agrandó tanto que al de Suzuki dejó de preocuparle que pudieran cogerle y de dedicó a disfrutar de la moto en cada uno de los virajes y gran parte del tiempo sin posar la rueda delantera sobre el asfalto. Entró en meta luciendo una superioridad descomunal sobre el resto de pilotos, con motos muy inferiores a toda una moto de Gran Premio.

Schwantz no sólo escribió su nombre en la historia del motociclismo como uno de los pocos ganadores en las calles de Macao, también pertenece a ese selecto grupo de campeones del mundo que además han tenido los arrestos de arriesgar el pellejo en una carrera urbana. Aquel año 1988, antes de haber conseguido un título mundial, demostró a todo el mundo de qué pasta estaba hecho.

Años más tarde de semejante hito, Schwantz piensa en el daño que podría haberse hecho de haberse ido al suelo en aquel circuito y reconoce que fue una inconsciencia digna de un chaval de 24 años. El mítico piloto reconoció que no comprendía cómo Suzuki le permitió enfrentarse a una prueba de semejante peligrosidad.

La participación de Schwantz en Macao fue algo más que para demostrarse a sí mismo que podía enfrentarse a los mejores road racers del mundo y ganarles. Además, el estadounidense trató de demostrar al mundo entero que los pilotos del Campeonato del Mundo de Velocidad eran valientes para participar en una carrera tan peligrosa.

Como dijo Valentino Rossi en una ocasión, hay que ir a la Isla de Man para saber qué es lo que motiva a tantos pilotos a asumir riesgos tan altos por la gloria de la victoria.

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