Una botella de champán explotó sobre un podio hace casi 60 años. Desde entonces, todos imitan a ese accidente en MotoGP

Ai Ogura

La icónica celebración del podio nació por casualidad en Le Mans y terminó convirtiéndose en una tradición universal del motorsport

John Fernández

Subirse al podio de MotoGP y descorchar una botella de champán es hoy un ritual tan reconocible como levantar el trofeo. Ganes en Jerez, Mugello o Phillip Island, la escena suele repetirse: el vencedor agita la botella, empapa a sus rivales y celebra con su equipo. Pero esta tradición no nació en las motos. Ni siquiera fue algo planeado. De hecho, mi pregunta surgió al ver el domingo pasado a Ai Ogura ganar y esconderse del champán; al verlo, me hizo pensar de dónde venía.

Como recuerdan diferentes reconstrucciones históricas, entre ellas las publicadas por L'Équipe y otras fuentes especializadas, el origen de la ducha de champán se remonta al mundo de la resistencia y, sobre todo, a una mezcla de casualidad e improvisación que terminó convirtiéndose en una de las imágenes más icónicas del deporte del motor.

Antes del baño de champán solo había un brindis

Durante las primeras décadas del automovilismo, pero no de motos, los vencedores simplemente recibían una botella como premio. Ya en 1950, por ejemplo, el argentino Juan Manuel Fangio recibió un gran formato de Moët & Chandon tras ganar el Gran Premio de Francia disputado en Reims.

Aquellas botellas se abrían para brindar. Nada más. La celebración era elegante, contenida y muy lejos del espectáculo que hoy vemos cada fin de semana en MotoGP o Fórmula 1.

Un corcho disparado cambió la historia en Le Mans. La primera gran casualidad llegó en las 24 Horas de Le Mans de 1966. Según una de las versiones más extendidas, la botella de champán que recibieron los vencedores había permanecido bastante tiempo al sol. Cuando la descorcharon sobre el podio, la presión acumulada hizo que el espumoso saliera disparado, empapando a quienes estaban alrededor.

Aquello no fue intencionado, pero dejó una imagen diferente. Y alguien tomó buena nota.

Dan Gurney convirtió un accidente en una tradición. Solo un año después, en Le Mans 1967, el estadounidense Dan Gurney, vencedor junto a A.J. Foyt con el legendario Ford GT40 Mk IV, decidió repetir el gesto... esta vez de forma completamente deliberada.

Agitó la botella y comenzó a rociar con champán a todo el que tenía delante, incluido Henry Ford II, máximo responsable de Ford. Lejos de molestarse, los presentes se unieron a la celebración.

El propio Gurney explicaría años después que fue una reacción completamente espontánea, provocada por la euforia del momento y el ambiente que había alrededor del podio. Sin saberlo, acababa de crear una tradición que recorrería el mundo.

De la Fórmula 1 a MotoGP

La costumbre tardó muy poco en extenderse por el resto de competiciones internacionales. La Fórmula 1 la adoptó rápidamente y, con el paso de los años, también hicieron lo mismo los campeonatos de motociclismo. Hoy resulta imposible imaginar un podio de MotoGP sin esa nube de espuma envolviendo a los tres primeros clasificados.

La ceremonia ha sobrevivido incluso a los cambios de patrocinadores. Durante décadas el protagonista fue el champán francés, aunque en diferentes periodos fue sustituido por espumosos como Chandon o Ferrari Trento por motivos comerciales. En la actualidad, tras el acuerdo firmado entre LVMH y la Fórmula 1, Moët & Chandon ha recuperado su protagonismo en muchos de los grandes podios del automovilismo. Tanto que, según L'Équipe, el nuevo contrato del grupo francés con la F1 está valorado en torno a los 1.000 millones de euros.

En MotoGP no siempre hay champán... Aunque popularmente se siga hablando de "baño de champán", no todos los Grandes Premios utilizan realmente champán francés. Por ejemplo, desde hace tiempo se emplea Prosecco DOC, el espumoso italiano patrocinador oficial del campeonato. ¿Dentro de unos años? Dios sabrá.

Dependiendo del patrocinador del campeonato y del país donde se dispute la prueba, la bebida puede variar. Incluso hay carreras celebradas en países con fuertes restricciones al alcohol donde se utilizan alternativas sin graduación o espumosos sin alcohol para respetar la legislación local.

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