
Durante décadas, Kuwait acumuló el mayor cementerio de neumáticos del planeta con unos 50 millones de cubiertas abandonadas.
Hay imágenes que cuesta creer que sean reales: un desierto aparentemente vacío, atravesado por pistas rectas y con unas colinas negras que no deberían estar ahí. No eran dunas ni formaciones naturales, sino millones y millones de neumáticos acumulados durante décadas, hasta formar el mayor cementerio de goma del planeta.
Coches, motos, camiones, aviones… Da igual. Es el cementerio de gomas más bestia del mundo (sí, como el de ‘Los Simpsons’). Porque una vez una cubierta llega al final de su vida útil, da igual si ha rodado sobre dos o cuatro ruedas: sigue siendo uno de los residuos más difíciles de gestionar.
50 millones de neumáticos apilados en mitad del desierto
El lugar se llamaba Al-Sulabiya y estaba situado a pocos kilómetros de Jahra, en Kuwait. Durante años se convirtió en el destino final de neumáticos procedentes del propio país y de otros mercados que encontraban allí una solución barata para deshacerse de un residuo incómodo.
El resultado fue una cifra difícil de imaginar: alrededor de 50 millones de neumáticos formando auténticas montañas de caucho cubiertas parcialmente por arena.
Las imágenes captadas por satélites como Sentinel-2 o Maxar mostraban una enorme mancha negra perfectamente visible desde cientos de kilómetros de altura.
Una cicatriz artificial en mitad del desierto. El verdadero peligro no era verlos, sino cuando empezaban a arder; el calor extremo del verano kuwaití convirtió aquel vertedero en una bomba de relojería.
Satélite
Entre 2012 y 2020 se registraron varios incendios de enormes dimensiones que llegaron a consumir más de un millón de neumáticos en un solo episodio.
Cuando un neumático arde no desaparece sin más. Libera partículas contaminantes, hidrocarburos aromáticos, compuestos orgánicos volátiles y un humo negro extremadamente denso capaz de recorrer kilómetros.
Las columnas de humo llegaban incluso a zonas agrícolas y poblaciones cercanas, convirtiendo el vertedero en un problema sanitario además de medioambiental. También afecta a las motos, aunque nadie hable de ello, pues cada año se generan en el mundo cerca de 1.000 millones de neumáticos fuera de uso.
Una parte importante corresponde al automóvil, pero millones pertenecen también a motos, ciclomotores, scooters y vehículos de ocio.
Y el problema es parecido para todos: el caucho moderno está diseñado para soportar miles de kilómetros, grandes cargas, lluvia, calor y temperaturas extremas. Precisamente por eso tarda décadas en degradarse de forma natural.
Una cubierta deportiva que ha acompañado a una superbike durante unos pocos miles de kilómetros puede permanecer intacta durante generaciones si termina abandonada en un vertedero.
La solución llegó con fuego... pero controlado. Lejos de seguir enterrando neumáticos, Kuwait decidió cambiar completamente de estrategia. A partir de 2020 puso en marcha nuevas instalaciones especializadas donde las cubiertas comenzaron a reciclarse mediante un proceso denominado pirólisis.
En lugar de quemarlos al aire libre, los neumáticos se calientan en ausencia de oxígeno hasta unos 450 grados. El caucho se descompone y se transforma en diferentes materiales reutilizables.
Parte del proceso produce gases que pueden aprovecharse como combustible, mientras que el carbono negro y el acero interno se recuperan para fabricar nuevos productos industriales. Antes incluso de llegar a esa fase, muchos neumáticos se trituran para convertirlos en pequeños fragmentos de goma utilizados en pavimentos, superficies deportivas o materiales de construcción.
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