KTM rompe con su salvavidas: devuelve 450 millones a Bajaj y se juega su futuro con un préstamo millonario

La marca mantiene parte de la producción en India para ser rentable mientras intenta sostenerse sola en un plan a cinco años sin margen de error

John Fernández

El bombazo resonó en prácticamente todo el mundo de la moto: a modo de resumen, hace unos cuantos meses, KTM se declaraba en bancarrota por una serie de motivos, y entre la inestimable ayuda que mantuvieron a los austriacos a flote, estuvo la inyección monetaria de Bajaj, que tomó parte del rol directivo a cambio.

KTM estuvo muy agradecido por aquello. Sin embargo, no quieren depender de nadie y acaban de dar un paso que mezcla necesidad y orgullo industrial: volver a tomar las riendas de su propio futuro.

KTM se endeuda para quitarse de encima a Bajaj

La marca austriaca ha pasado por varios bancos y ha conseguido cerrar un acuerdo con varios de ellos para conseguir un préstamo de 550 millones de euros con un objetivo muy claro: reforzar su liquidez y devolver el dinero que le permitió sobrevivir hace apenas un año. Es decir, que no quieren depender más de Bajaj; quieren volver a ir a su bola.

Dicho movimiento, el pago de la deuda de 450 millones de euros que Bajaj cedió a KTM, no implica una ruptura con los indios, ni mucho menos. De hecho, la alianza industrial sigue siendo clave para KTM.

Más allá de lo económico, el movimiento también tiene lectura política dentro de la industria, y es que KTM busca evitar que su futuro quede condicionado desde fuera en un contexto donde los grandes grupos asiáticos ganan cada vez más peso.

El esquema seguirá siendo el de India garantizando ser el centro de producción de gran volumen, especialmente para motos de acceso y gama media, mientras que Austria se queda con lo estratégico, es decir, diseño, investigación y desarrollo, y los modelos más avanzados.

A estas alturas el esquema es naturalmente obvio, pues fabricar todo en Europa ya no sale rentable para una marca que compite en muchos segmentos. Esto ya sucedía antes de la inestimable cesión monetaria de Bajaj a KTM, que les fabricaba ciertos modelos.

Así que KTM se ha endeudad hasta las cejas para recuperar el control, y no depender plenamente de Bajaj, que en el pasado ya soltó alguna perla como que "la fabricación europea está muerta", o directamente algún plan de acción radical.

Pero endeudarse requiere que el préstamo no salga gratis, y la operación tiene condiciones... Digamos, exigentes. El crédito de 550 millones deberá devolverse en cinco años, con un interés variable que se moverá entre el 5% y el 9%. Además, durante ese periodo KTM no podrá repartir dividendos, lo que implica que todos los beneficios tendrán que reinvertirse en la propia compañía.

Los de Mattighofen están obligados a no fallar después de un año muy complicado. Sin duda que es un movimiento valiente, pero arriesgado. KTM quiere quitarse de encima el respaldo directo de Bajaj y ahora depende de que su plan funcione. Tiene cinco años para demostrar que puede sostenerse por sí sola. Si no lo consigue, la próxima crisis podría no tener una salida tan clara.

Imágenes | KTM

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