China está reventando los precios de las motos en Europa. A las marcas de siempre solo les queda un remedio

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Europa y Japón tienen una baza para competir: apostar por la calidad, los componentes y las motos de gama alta

John Fernández

¿Está el sector de la moto preparado para lo que se avecina? Es la gran pregunta. La respuesta la descubriremos en tan solo unos días; menos de medio mes para que arranque una de las ediciones más convulsas de la historia del EICMA está por caer. ¿La culpable? China.

El Salón EICMA 2026 reunirá a más de 2.000 marcas en una edición récord, y las marcas chinas van a poner en un serio brete a europeas y japoneses.

La guerra de precios ya ha comenzado, pero no todo está perdido

A estas alturas es ya de Perogrullo decir que la industria de la moto se prepara para una batalla cada vez más difícil: competir con China sin entrar necesariamente en una guerra de precios que puede acabar perjudicando a todos.

De hecho, es de récord: diez pabellones, 754 expositores y 2.120 marcas procedentes de, atención, 52 países.

Es otro hecho irrefutable a estas alturas que, el avance de los fabricantes chinos está presionando a las marcas europeas y japonesas, capaces de ofrecer productos con precios mucho más elevados. Pero todavía no está la batalla perdida, no todavía...

Porque hay algo que el precio, por sí solo, no explica: una moto no es únicamente su motor... Nos referimos a que chasis, suspensiones, frenos, ruedas, electrónica o mismamente, el desarrollo que pone cada marca con ingenieros especializados también cuenta, y mucho... Dos motos pueden compartir cilindrada y planteamiento, pero eso no significa que ofrezcan lo mismo ni que deban costar igual.

Y en eso, las marcas tradicionales ganan, y sí, son capaces de justificar esa diferencia sin limitarse a apelar a su historia o a su prestigio. El potencial problema es que los clientes sean capaces de leer eso, porque, realmente, no les toca el bolsillo directamente; el precio sí.

El comprador cada vez tiene más opciones y, cuando encuentra una moto que promete prestaciones y equipamiento similares por varios miles de euros menos, es inevitable que se lo piense dos veces.

La respuesta, no obstante, no tiene por qué ser bajar los precios para igualar a China. La alternativa es seguir como estamos: demostrar que, pagar más, tiene sentido en muchas variables como calidad de componentes, comportamiento de la moto, tecnología, acabado, conjunto, servicio postventa, y un largo etcétera en el que las marcas tradicionales deben seguir peleando por esa batalla.

Y el EICMA nos va a demostrar hasta qué punto las marcas están preparadas o no para ese asalto. A estas alturas de la película, la incógnita es quién conseguirá adaptarse mejor a un mercado en el que el precio pesa cada vez más, pero no debería ser el único factor que determine una compra.

Imágenes | EICMA, Kove

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