Ligera, potente y sin ayudas, la Yamaha RD350 fue tan excitante como peligrosa, hasta convertirse en una de las motos más temidas y recordadas de los años '80
Cuando Yamaha presentó la RD350 a comienzos de los '80, hubo impacto, y no poco... Ese lobo con piel de cordero no era solo una deportiva más: era ligera, brutalmente rápida para su cilindrada y, sobre todo, distinta a casi todo lo que se veía en la calle. En una época en la que los dos tiempos todavía marcaban el ritmo, aquella bicilíndrica de 347 cc se convirtió en el sueño húmedo de toda una generación.
Las cifras ayudan a entender por qué de esto. En torno a 60 CV para un peso que apenas superaba los 140 kilos colocaban a este bicho con dos ruedas en una relación peso-potencia que hoy sigue impresionando hasta a los de MotoGP. Aceleraba con rabia, estiraba con violencia y era capaz de poner en apuros a motos de mayor cilindrada sin demasiados complejos. En los semáforos y en carreteras reviradas era un misil difícil de igualar. Pero, valga la redundancia... Tenía un pero por el que se ganó un mortífero apodo: la 'matapijos'.
Una deportiva demasiado rápida para su tiempo
Buena parte de ese carácter venía de su motor y del sistema YPVS, la válvula de escape variable con la que Yamaha afinó el rendimiento en medios y altos. El resultado era una entrega explosiva, muy directa, que exigía respeto. No era una moto complaciente ni pensada para aprender con calma: pedía manos, cabeza y cierta experiencia previa.
El problema es que todo ese rendimiento no iba acompañado de una parte ciclo a la altura de lo que hoy consideraríamos razonable para cualquiera que monte. Los frenos cumplían lo justo, los neumáticos eran estrechos y la rigidez del chasis no perdonaba errores. A eso se sumaba un contexto histórico en el que las ayudas electrónicas simplemente no existían y las manos del motorista lo eran todo.
La combinación era peligrosa, ya nos vamos entendiendo: mucha potencia, poco margen de error y usuarios que, en muchos casos, daban el salto a la RD350 sin una base sólida. De ahí nacieron sus apodos. El más conocido, 'la viuda negra', no fue una exageración gratuita, sino la consecuencia de una estadística de accidentes elevada para una moto de calle. El otro, 'mata pijos', tiene más que ver con el perfil de algunos de sus propietarios: jóvenes con recursos económicos que accedían a una máquina demasiado seria para sus primeras experiencias.
Hay que ser objetivos, y aun así, reducir la RD350 a sus sombras sería injusto. Era una moto eficaz en curva, con una ergonomía sorprendentemente cómoda para lo que ofrecía, y demostró una fiabilidad notable incluso en competición y pruebas de resistencia. No era un juguete frágil, sino una herramienta exigente.
Existieron además diferencias importantes entre versiones. Las unidades fabricadas para Japón y Europa siempre han sido las más valoradas, mientras que la variante brasileña, con ajustes más conservadores y componentes de menor calidad, quedó un escalón por debajo en prestaciones y prestigio. Esa diferencia explica por qué hoy las RD350 buenas están cotizadas y son difíciles de encontrar en estado original.
Con el paso del tiempo, la Yamaha RD350 ha dejado de ser una amenaza para convertirse en un icono. Representa una era en la que las motos no filtraban sensaciones, en la que cada error se pagaba caro y en la que la diversión iba de la mano del riesgo.
No es una leyenda cómoda ni amable, pero sí una de las más honestas que dejó el motociclismo de los años '80.
Imágenes | Yamaha
En Motorpasión Moto | Soy experto en MotoGP y he tirado 6 euros en ver 'Ídolos' en el cine: va más de motos de lo que pensaba, pero es tan desastre que roza el meme
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