Yamaha T-MAX 530, prueba (conducción en autopista y pasajero)

Llega la hora después de una buena sesión de curvas en las que la Yamaha T-MAX 530 se ha defendido de una forma más que notable, de relajarse cómodamente en el asiento y probarla en el segundo ambiente en el que la mayoría de los usuarios la utilizarán: autopistas y vías rápidas.

En cuanto incrementamos la velocidad notamos que la cúpula en su posición más baja no protege del todo contra el viento y para conseguir un mejor confort, tendremos que colocarla en el segundo anclaje. La operación no es inmediata sino que para ello necesitamos herramientas para soltar los anclajes y colocarla en la nueva posición. Por ello deberemos valorar dónde nos sentimos más cómodos y dejarla permanentemente en esa ubicación.

Siguiendo con la cúpula, esta tiene una entrada de aire en la parte inferior que se comunica con unas tomas encima del cuadro de mandos de forma que elimina la incómoda sobrepresión que se genera tras ella y que a veces, en forma de turbulencias, hace más incómoda la conducción en otros modelos.

El asiento es bastante grande, lo suficiente para permitirnos movernos un poco y modificar nuestra postura con el paso de los kilómetros. En la plataforma, podemos llevar los pies como habíamos comentado en una colocación más a escuadra o bien estirados hacia adelante. En ambas posiciones, la Yamaha T-MAX 530 se conduce con soltura. El apoyo lumbar, aunque un poco bajo, nos permite llevar descansados lo riñones si hacemos bastantes kilómetros seguidos.

La estabilidad a alta velocidad es excelente. Circulando a velocidades de hasta 120-130km/h, la T-MAX lleva exactamente el trazado que le hayamos indicado y si aumentamos todavía más la velocidad, se empiezan a notar las inercias que genera el peso pero la rueda delantera sigue pisando con contundencia y no hay flaneos que generen desconfianza.

Hablemos un poco de los retrovisores ya que su postura no es la más habitual. Como comentábamos están muy adelantados, más que en cualquier otro modelo, al menos visualmente y también cuando estamos subidos en ella. Me recordaba a los vehículos japoneses de los años 70 y 80 que tenían como característica más llamativa la ubicación de los espejos en las aletas delanteras.

Su visión por ellos es bastante bueno. No vibran prácticamente nada, ni a baja velocidad. Además, al estar tan adelantados, nos permite abrir el campo de visión más de lo habitual. Pensad en la línea visual que se genera entre vuestros ojos y el espejo. Cuanto más adelantados estén, mayor será la visibilidad lateral que tendremos y menor el ángulo muerto, muy cómodos en autopista evitando tener casi que girar la cabeza para comprobar si teníamos otro vehículo paralelo.

Yamaha T-MAX 530, a dúo también

Recogemos a nuestro querido pasajero y nos hacemos el recorrido pertinente de pruebas con un poco de todo, como en botica. Su primera apreciación es que la postura es cómoda pero el asiento un poco corto en cuanto a longitud. El apoyo lumbar del piloto resta unos centímetros que evita poder sentarse pegado adelante y hacia atrás, tampoco es excesivamente largo.

La posición de las asas es correcta. Son amplias y están suficientemente separadas del asiento y de las piernas como para poder introducir las manos con guantes de forma sencilla. En cuanto a las piernas, estas reposan sobre dos estriberas plegables que alejan los pies del piloto y del copiloto, evitando los incómodos toques que se producen en otros modelos que comparten espacio en la plataforma. Volviendo al asiento, este tiene una ligera inclinación hacia arriba. Viene bien cuando el conductor decide acelerar con contundencia ya que evita irse hacia atrás demasiado.

En movimiento la Yamaha T-MAX 530 no sufre un exceso cambio de geometrías (no se hunde en exceso de atrás) con lo que su agilidad no queda del todo resentida. El mayor problema lo encontramos cuando salimos a carretera, a alguna zona de curvas. La altura libre al suelo desciende considerablemente y es muy sencillo rozar con el caballete hacia cualquiera de los dos lados.

Es una lástima ya que estos roces generan desconfianza ya que sabes que ya no hay más y en nada, te comerás el juego libre del caballete plegado y rozará algo más duro que puede hacerte perder el control. Sin embargo, llegado a estos límites te quedas con ganas de más porque no notas que la estés poniendo en apuros. Los frenos, aun con el aumento de peso, siguen siendo excelentes.

Mañana, descansaremos un poco y el viernes, recapitularemos todo lo que hemos comentado sobre la Yamaha T-MAX 530 y además, hablaremos un poco de su capacidad, consumos y todo aquello que nos haya podido quedar en el tintero. Sin olvidarnos del respectivo vídeo que hemos preparado para la ocasión.

Continuará…

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