Aquellas maravillosas motos: prueba Aprilia RSV 1000 Mille “a la carbonara” (conducción)

La Aprilia RSV 1000 Mille la probamos inmediatamente después de la Suzuki GSX-R 750 así que os podéis imaginar el cambio generacional que supuso a mi cuerpo saltar del 91 al 99 y de Japón a Italia en diez segundos. Creo que si lo pienso bien, todavía sufro náuseas e insomnio del jet lag virtual. De estar con el culo bajo y los pies retrasados paso a tener el culo alto, las manos bajas y los pies... quien piensa en los pies cuando intentas abrazar un depósito de carbono y tienes delante de ti un carenado fabricado en tan goloso material aerospacial.

Pulsamos el botón de arranque y el motor bicilíndrico Rotax cobra vida. Bueno, en verdad estalla en rugidos a través de los dos Akrapovič que resuenan aun más en el sótano del garaje. Tiene una pinta de guardar una mala leche ahí debajo que no os lo podéis ni imaginar. Pero ya no hay vuelta atrás, primera para arriba (recordad que llevamos cambio invertido) y nos disponemos a disfrutar del recorrido con esta italiana tan especial.

Aprilia RSV 1000 Mille “a la carbonara”, on track!!

Con esta moto no sales a la carretera, tomas la calle de boxes para acceder al circuito. Y no recorres la ciudad, calientas las gomas con vehículos de cilindradas inferiores a tu alrededor. Como buena europea, todo va duro con lo que el feedback que recibes es inmediato. Quizás y para mi gusto, demasiado duro (será que soy un blandito) pero por concepción es una moto rígida que no da muchas concesiones.

Eso sí, es amplia a sus mandos para un tipejo alto como yo. Y no me siento encajonado como hace unos minutos en la Suzuki donde por no poder casi no podía ni tirarme un cuesco pestañear. Margen amplio para mover el cuerpo hacia adelante y atrás, las rodillas no me pegan en el carenado y este protege más que dignamente cuando ya nos encontramos fuera de la ciudad a velocidades de carretera nacional.

Y es que, siendo sincero, la urbe no es sitio para esta moto. Aunque el bicilíndrico es de los más amables que he probado en cilindradas de un litro (y llevo unos cuantos), sin traqueteos a baja velocidad de esos en los que no estás seguro si estás en una moto o siendo coceado por un caballo, no acaba de sentirse encerrada y con ganas de mostrarte lo que sabe hacer dando rienda suelta a su potencial, que es mucho.

Así que nos dejamos de tonterías y dejamos como decíamos atrás la ciudad. Y no tardamos ni un segundo en comprobar lo que es una moto deportiva, pero deportiva de verdad. Es rígida y seca de reacciones pero al mismo tiempo es capaz de contarte todo lo que pasa ahí abajo, sin filtros ni titubeos.

El empuje en la zona media es monstruoso. De hecho, la mitad del recorrido lo hice prácticamente sin cambiar de marcha, sólo dejando caer un poco de vueltas el motor para salir catapultado hacia adelante a la salida de las curvas. La capacidad de tracción es asombrosa y cuando piensas que lo ha dado todo, llegas a la parte final donde más vale que estés bien agarrado si no quieres acabar haciendo tu sólo un backflip mientras la Aprilia RSV 1000 Mille sigue su camino.

La entrada en la curva es muy intuitiva y fácil de hacer. Con insinuarle un poco, caerá hacia adentro para luego, en caso de que no hayas apuntado donde debía, ser lo bastante permisiva como para dejar que modifiques la trazada en pleno apoyo. No he llevado una RSV de serie pero ésta se siente muy ligera y la voluminosidad no concuerda con las sensaciones. Es como si estuviese gran parte de ella hueca.

Como os podréis imaginar, en cuando a parte de ciclo la Aprilia RSV 1000 Mille va más que sobrada, sobre todo teniendo en cuenta las modificaciones que lleva esta en base a la de serie. Frenos que detienen la moto con tacto sedoso y con el que un dedo es más que suficiente; suspensiones que como decíamos, aunque secas te cuenta todo lo que está ocurriendo... En motos como estas son las que rápidamente se aprecia la diferencia de comportamiento cuando se invierte en buenos componentes tanto en su desarrollo o, como en este caso, a posteriori.

Cuando la carretera deja de ser tan revirada y se abre un poco, podemos poner a prueba el cambio rápido quickshifter, empalmando marcha tras marcha sin soltar el gas y sólo con pisar la palanca de cambio (aunque le falta un poco de ajuste al reenvío para ir perfecto). Puede que cueste adaptarse un poco a ello pero rápidamente aprecias su buen rendimiento para hacer cambios rápidamente.

También encontramos algún detalle extraño como por ejemplo, un cuadro heredado de sus hermanas más turísticas que no es todo lo racing que esperas en una moto de este tipo (aunque con la pantalla del power commander lo otro se te acaba olvidando), una postura sin demasiadas concesiones aunque no tan incómoda como esperaba al principio.

Con esta, es una muesca más que he puesto en mi curriculum de pruebas, y otra moto mítica que he conseguido acercaros gracias a unos buenos amigos. Mañana acabaremos con la galería de fotos y la ficha técnica. Ahora voy a recordar de nuevo cómo fue mi esta magnífica experiencia.

Continuará...

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