Hace 45 años, Aprilia tenía complejo de trail con la BMW GS. Se plantó en el desierto con esta bestia que hoy está super cotizada

La Tuareg fue la respuesta italiana al boom africano de los 80: una trail ambiciosa, irregular y adelantada a su tiempo, más soñadora que racional

John Fernández

Hubo una trail que miró al desierto con ambición africana cuando todavía no existía un molde claro para hacerlo. No era japonesa, no llevaba un ala en el depósito ni pretendía copiar a nadie. Era italiana, nacía en Noale y se llamaba Aprilia Tuareg.

Y durante los años '80 quiso cambiar las reglas del juego en el incipiente mundo de las on-off, mezclando estética Dakar, motores Rotax y una visión bastante más radical de lo que hoy entendemos como una trail media.

Una trail nacida del desierto antes de que existiera el concepto adventure

Cuando el nombre Tuareg aparece de nuevo en el catálogo actual de Aprilia, con una moto moderna y perfectamente alineada con el concepto adventure, conviene mirar atrás. Porque ese nombre no es un simple homenaje oportunista: en los '80 ya representaba una idea clara de aventura, especialmente en sus versiones más pequeñas, que fueron las que realmente conectaron con el público.

Todo empieza en 1984 con la ETX 125, una enduro de dos tiempos con motor Rotax que servía de base técnica. Un año después, aprovechando el tirón mediático de la París-Dakar y el éxito comercial de propuestas como la BMW GS o la Yamaha Ténéré, Aprilia decide dar un paso más. Nace la Tuareg 125, con una imagen completamente distinta, depósito de mayor capacidad y un motor Rotax más ambicioso, ya con válvula RAVE. Sobre el papel declaraba 26 CV, aunque la realidad se quedaba algo por debajo. Aun así, con 124 kilos de peso y una estética directamente inspirada en el rally africano, era una moto que entraba por los ojos y por la imaginación.

La gama creció rápido. Llegó una Tuareg 350 de cuatro tiempos, más lógica sobre el papel, pero también mucho menos carismática. Y después apareció la que hoy es la más recordada: la Tuareg Rally. Aquí Aprilia se desató. Motores dos tiempos, potencias que superaban holgadamente los 30 CV, pesos en torno a los 100 kilos y un comportamiento off-road que poco tenía que ver con una trail convencional. Eran motos exigentes, caras y claramente orientadas a un público muy concreto. Precisamente por eso hoy son las más buscadas.

A finales de la década llegó el intento de jugar en la liga grande. La Tuareg Wind 600 se presentó como una rival directa de Dominator, Ténéré o Elefant. Motor Rotax de 562 cc, cuatro válvulas, 46 CV y una estética plenamente “africana”, con doble faro y colores pastel muy de la época. Incluso se atrevieron con la París-Dakar en 1989, con resultados discretos pero dignos para una estructura prácticamente de serie.

No hubo continuidad. La Tuareg desapareció en 1990, sustituida por la Pegaso 650, más racional, más asfáltica y probablemente más vendible. Pero también menos soñadora. 

Hoy, las Tuareg clásicas siguen siendo motos utilizables, robustas y sorprendentemente coherentes para un uso dual tranquilo. Especialmente las Rally 125, que condensan como pocas el espíritu de una época en la que el Dakar lo impregnaba todo y las marcas aún se permitían experimentar sin pedir permiso. Aquella Aprilia no quería parecerse a una GS. Quería ser otra cosa. Y durante un tiempo, lo consiguió.

Imágenes | Aprilia

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