Los expertos coinciden: la tecnología se está yendo de madre en las motos, y confiar tu seguridad a ellas es un error

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Un estudio internacional de Brembo revela que los conductores confían mucho más en la tecnología de lo que recomiendan los especialistas

John Fernández

Hasta hace bien poquito, salir a la carretera implicaba convivir con una preocupación constante: que algo fallara,  desde un neumático, un freno, una suspensión o el propio motor podían convertir cualquier viaje en un problema.

Hoy esa sensación ha cambiado por completo. Los coches y las motos son más seguros que nunca, incorporan asistentes electrónicos capaces de corregir errores del conductor y, en algunos casos, incluso pueden intervenir antes de que llegue un accidente. La paradoja es que esa evolución tecnológica podría estar generando un nuevo riesgo, o eso creen los expertos, que coinciden.

Cuanta más confianza, menos atención

Y coinciden no porque los sistemas funcionen mal, sino porque muchos usuarios empiezan a confiar en ellos más de lo que deberían ya que las motos de ahora vienen cargadas de tecnología hasta los topes (alguna se salva; las baratas).

Esa es una de las principales conclusiones de un estudio internacional encargado por Brembo junto a Economist Enterprise, en el que participaron más de 6.100 personas entre conductores y especialistas en movilidad de diez de los principales mercados del automóvil. La diferencia entre ambos grupos resulta llamativa: mientras nueve de cada diez usuarios aseguran sentirse seguros cuando circulan, menos de la mitad de los expertos comparte esa percepción.

Los especialistas no creen que el problema esté en la tecnología. De hecho, consideran que los sistemas actuales han supuesto un enorme avance para reducir la siniestralidad. Lo que les preocupa es otra cosa: cómo reaccionan las personas cuando empiezan a pensar que el vehículo puede hacerlo casi todo por ellas.

El estudio identifica un exceso de confianza que acaba traduciéndose en menos atención sobre la carretera. Cuando el conductor da por hecho que el coche frenará solo, corregirá una trayectoria o evitará una colisión, es más fácil bajar la guardia. Jean Todt, enviado especial de Naciones Unidas para la Seguridad Vial, resume esa idea con claridad: la confianza es necesaria para conducir, pero cuando se convierte en exceso de confianza aparecen riesgos que antes no existían.

Ese cambio también se refleja en la opinión de los propios expertos. Solo un 3 % considera que las averías mecánicas siguen siendo una causa importante de los accidentes. En cambio, el 30 % sitúa el mayor peligro en el uso incorrecto o la mala comprensión de los sistemas de asistencia a la conducción, mientras que otro 24 % señala las funciones del vehículo que pueden distraer al conductor.

El problema no es el asistente, sino creer que conduce por ti

La conclusión resulta especialmente interesante en un momento en el que prácticamente todos los fabricantes anuncian cada nuevo modelo acompañado de un catálogo cada vez más amplio de ayudas electrónicas: frenada automática, mantenimiento de carril, control de crucero adaptativo o asistentes capaces de intervenir sobre la dirección forman ya parte del equipamiento habitual de muchos coches y, poco a poco, también empiezan a aparecer en el mundo de las motos.

Para Ignacio Álvarez, responsable de investigación de Brembo, el reto consiste en explicar mucho mejor qué puede hacer realmente cada sistema y, sobre todo, cuáles son sus límites. Los expertos también ponen el foco sobre la publicidad. Un 65 % considera que algunos mensajes comerciales exageran las capacidades de estas tecnologías y un 62 % cree que transmiten la sensación de que el conductor necesita prestar menos atención.

La reflexión resulta especialmente relevante para quienes circulan sobre dos ruedas: y es que las ayudas electrónicas han transformado las motos actuales con ABS en curva, controles de tracción, plataformas inerciales o suspensiones semiactivas capaces de corregir situaciones que hace unos años terminaban en una caída.

Sin embargo, ninguna de esas tecnologías cambia una realidad básica. La responsabilidad sigue estando en el conductor.

Por muy sofisticada que sea una moto, ningún sistema puede sustituir la anticipación, la experiencia o la capacidad de interpretar lo que ocurre unos metros más adelante. Precisamente por eso, el estudio deja una conclusión que va mucho más allá de la tecnología: sentirse seguro no significa estar realmente más protegido.

Imágenes | Motorpasión Moto, Bosch

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