
El miedo ha regresado: alguien ha vuelto a arrojar aceite en varias curvas frecuentadas por motoristas
Hay formas de odiar a los motoristas: quejarse del ruido criticar ciertas conductas, pedir más controles, incluso reclamar restricciones de tráfico.
Y luego está esto: lanzar aceite en mitad de una curva para que alguien se caiga. Porque eso es exactamente lo que investiga ahora la policía alemana después de descubrir varias trampas deslizantes en una de las carreteras favoritas de los aficionados a las motos en la región del Allgäu, y lo más inquietante de todo es que no sería la primera vez que ocurre allí.
Hace quince años, alguien murió por eso mismo
El fantasma de un crimen que nunca se resolvió. El 5 de junio, a última hora de la tarde, varios avisos alertaron a la Policía de la presencia de manchas de aceite en dos curvas de la carretera B308, cerca de Scheidegg, en el distrito bávaro de Lindau.
Por suerte, llegaron a tiempo: la B308 es una de esas carreteras secundarias que los motoristas conocen bien: curvas enlazadas, buen asfalto y paisajes espectaculares. Era viernes, hacía buen tiempo y muchos aficionados estaban aprovechando para salir a dar una vuelta después del trabajo.
La carretera fue cortada inmediatamente y los bomberos acudieron para limpiar el firme antes de que ocurriera una tragedia, pero lo que parecía un simple vertido accidental empezó a recordar demasiado a algo que la región conoce muy bien.
En 2011, Josef Deniffel perdió la vida después de que su Honda resbalara sobre una trampa de aceite colocada deliberadamente. El motorista, padre de familia, invadió el carril contrario tras perder el control y chocó contra un coche que circulaba en sentido opuesto.
Aquella muerte puso fin de forma dramática a una serie de ataques que, según descubrieron posteriormente los investigadores, podrían haberse prolongado durante al menos cuatro años… Y, por desgracia, nunca encontraron al culpable.
Esta vez, el método ha cambiado pero las similitudes son inquietantes, aunque existen diferencias importantes. Según las primeras investigaciones, el aceite encontrado ahora no habría sido depositado utilizando botellas de cristal, como ocurrió en algunos episodios del pasado. En esta ocasión habría sido arrojado dentro de bolsas de plástico que se rompieron al impactar contra el asfalto.
Sin embargo, el lugar vuelve a ser prácticamente el mismo: menos de cien kilómetros separan estas nuevas trampas de algunas de las aparecidas entre 2007 y 2011, y también coincide otro detalle que los investigadores no pasan por alto: el momento elegido.
¿Odio hacia los motoristas? Es la pregunta que sobrevuela el caso, y también la más incómoda porque las autoridades alemanas evitan confirmar públicamente esa hipótesis, aunque reconocen que están analizando posibles paralelismos con los sucesos ocurridos hace quince años.
La frontera entre la gamberrada y el intento de asesinato
Y quizá ahí esté la parte más difícil de entender: para cualquiera que no monte en moto, una pequeña mancha de aceite puede parecer algo insignificante, pero un motorista sabe perfectamente lo que significa encontrarse una superficie deslizante en plena inclinación.
No hay margen ni corrección posible; si lo pasas, al suelo casi automáticamente. De hecho, la legislación alemana investiga estos hechos como un delito de intervención peligrosa en el tráfico. Sin embargo, para muchos aficionados resulta imposible no recordar que hace apenas quince años alguien perdió la vida exactamente por esto.
Imágenes | Bomberos Alemania, DGT
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