En Estados Unidos aún creen que no usar el casco en moto es libertad. La ciencia no para de demostrarles lo contrario

Un estudio en Michigan revela un aumento del 26% en muertes y lesiones tras eliminar la obligación del casco

John Fernández

¿Cuándo hablamos de libertad y cuándo de liberticidio? Es la pregunta recurrente que uno se puede hacer analizando el curioso caso de ciertos estados de EE.UU y la no obligación de usar casco a la hora de montar en moto.

Allí tienen instaurado un debate que nunca termina: el del casco como obligación o como elección personal. Ciertos estados permiten tomar esa decisión cumpliendo algunos requisitos mínimos, pero la ciencia acaba de dictar sentencia: no llevar casco, mata.

14 años de datos demuestran que es una mala y mortal idea el no llevar casco en moto

Un estudio reciente publicado por el American College of Surgeons, con datos recogidos durante casi 15 años, ha vuelto a enfrentar a los partidarios de no llevar en casco en moto con los que sí optan por hacerlo. El ejemplo más claro, el de Michigan, que desde que eliminó su ley obligatoria en 2012, las consecuencias han sido medibles y, objetivamente, catastróficas.

El grueso del estudio se basa en una investigación de casi 20.000 accidentes de moto entre 2009 y 2015, y comparando Michigan con otros estados similares que, a diferencia, sí mantuvieron la obligatoriedad de llevar el casco en moto.

El resultado científico y las conclusiones son difíciles de discutir con los datos en la mano: tras la derogación de la ley, las muertes y lesiones aumentaron en un 26%.

Para evitar que precisamente se tratase al dato como una anomalía estadística o un pico puntual, se refuerza con datos recogidos durante casi 15 años. Así que la conclusión es la de una tendencia sostenida en el tiempo: un solo año después del cambio legislativo que permitió optar o no optar a llevarlo puesto, las lesiones en la cabeza ya habían subido un 14%. La moraleja es bastante obvia: menos casco implica más impactos directos en la cabeza. Más impactos en la cabeza implican más probabilidades de muerte o secuelas graves.

El debate económico: elegir no llevar casco también repercute a los demás

Con cierta altura de miras, el debate no se queda en lo humano, pues también hay una factura económica que muchas veces, pasa desapercibida en el debate. Ese mismo estudio hace constar que el coste medio hospitalario por accidente de moto aumentó de forma significativa tras eliminar la obligación del casco.

Y ese dato, solo teniendo en cuenta la fase aguda, es decir, la hospitalización inmediata del motorista, pues no se incluyen otras variabilidades difíciles de medir como rehabilitación, tratamientos a largo plazo a causa de las lesiones o incapacidades permanentes. Todo eso sube los gastos y facturas.

La lectura es la siguiente: una decisión individual de no llevar casco repercute también en el sistema sanitario y entorno familiar, y por ende, una decisión unitaria acaba siendo una consecuencia colectiva.

El casco no es una opinión, es una evidencia

El argumento de la libertad personal tiene un recorrido político y cultural indiscutible. Pero como dato mata relato, las estadísticas son evidentes: no llevar casco aumenta las lesiones graves y las muertes, y repercute en el resto de la sociedad; y no es una coincidencia, sino una relación directa.

Mientras en el mundo de la moto hay muchas discusiones abiertas: desde ayudas electrónicas, a, como veíamos recientemente, la obligatoriedad depende de qué accesorios obligatorios en moto (chaqueta, guantes, botas) que quiere imponer Europa, el tema del casco no está realmente en ese terreno: es obligatorio, sí o sí.

Los datos llevan décadas diciendo lo mismo: reduce el riesgo de muerte, reduce las lesiones graves y reduce el impacto económico de los accidentes.

Imágenes | Shark, Shoei, Arai

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