Las motos lideran la siniestralidad en Bogotá, pero la mayoría de usuarios sigue viéndolas como la mejor solución
En Bogotá (Colombia) se vive una curiosa paradoja con la moto, que no es solo un vehículo, es casi un síntoma. Y como suele pasar con los síntomas, dice tanto del problema como de quien intenta sobrevivir a él. En Colombia, en general, las motos matan más que la guerra.
Nos explicamos, con los datos recogidos de El País: en 2025 murieron allí 255 personas en siniestros relacionados con motos (casi las mismas que toda España en un año), y hubo casi 10.000 heridos. Son, de largo, los más vulnerables y expuestos. Pero el giro inesperado viene ahora: el 87% de los usuarios está satisfecho con su moto.
Más motos, menos alternativas: el crecimiento sin control que nadie ha sabido gestionar
Es una paradoja en sí misma; una cifra que no encaja con la anterior. O mejor dicho, que la contradice frontalmente. En una ciudad de más de ocho millones de habitantes, donde las motos representan solo el 18% del parque móvil pero concentran el 37% de las sanciones, la lógica invitaría a pensar que son vistas como un problema. Y lo son… desde fuera.
Sin embargo, desde dentro del casco, la historia cambia. Como recoge la citada fuente, para muchos usuarios la moto no es tanto un riesgo, sino una solución. A nivel práctico, sobra decir que es una herramienta extremadamente útil para recortar tiempos y evitar el transporte público. Lo que pasa es que la seguridad percibida no tiene nada que ver con la real.
Según los datos, el 72% de las mujeres se siente insegura en el transporte público y más de la mitad ha sufrido acoso. En ese contexto, la moto deja de ser solo movilidad y pasa a ser autonomía personal, también por precio, ya que, evidentemente y como sucede aquí en España, es muchísimo más accesible.
A colación de ello, el otro problema es que la solución tiene un precio alto… muy alto. Voces como la del divulgador William Cuéllar, recogida por El País, lo resumen bien: "Son la punta del iceberg". A lo que se refiere es a que detrás hay una ciudad con obras constantes, mala gestión del tráfico y un modelo de movilidad que no ha sabido adaptarse al crecimiento.
Digamos que se trata de una consecuencia, porque en poco más de una década, el parque de motos se ha duplicado. Es ‘gracias’ al efecto de sustitución: es decir, cada vez más usuarios abandonan un transporte público que no cubre sus necesidades y encuentran en la moto una alternativa más rápida y flexible, aunque más expuesta.
El problema es que ese crecimiento ha ido por delante de la gestión. Tal y como recoge El País, la ciudad ha centrado sus esfuerzos en buses, bicicleta o metro, pero no ha desarrollado una estrategia específica para las motos, dejando un vacío que agrava la situación.
La situación llega hasta el punto de que incluso las plataformas de reparto han añadido presión al sistema, empujando a muchos motoristas a asumir riesgos para cumplir con entregas cada vez más rápidas. El resultado era previsible: un cóctel complicado con más motos, más prisa y más exposición al peligro… y claro, más muertos.
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En Motorpasión Moto | Este pequeño invento puede ser la revolución más grande de la historia de las motos, y se calcula que salve miles de vidas
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