No es cuestión de prestaciones, sino de memoria: lo que se paga hoy no es velocidad, es volver a tener 16 años
Donde ahora vemos chavales montando en patinetes eléctricos por las ciudades, antes había scooters de dos tiempos de gasolina, humeantes, rápidos y modificados hasta los topes (en el estricto sentido de la palabra, además). Fue una generación dorada para el que la recuerde.
Estamos en 2026, y parece que lo retro ha vuelto. No solo Nintendo con sus Pokémon o los pantalones acampanados; los scooters noventeros molones también. El boom es tan fuerte que una vuelta por plataformas de segunda mano ya nos hace ver que algo 'no va bien', ¿o sí?
No es una burbuja cualquiera: es la generación del 2T comprando sus recuerdos
Finales de los años '90/principios de los 2000. Ir a un concesionario Yamaha y comprar un Yamaha Aerox costaba unas 300.000 pesetas, una pasta para un scooter de 50 cc. Al cambio de ahora (ajustado a la inflación) vienen a ser algo menos de 3.500 euros por un scooter que, al menos... Era nuevo.
Ahora, con una kilometrada encima y más años que la polca, cuestan hasta más que nuevos. ¿Alguno dudaba sobre si vivimos un boom? Cuando un producto de hace años no solo vale lo mismo, sino que en ciertos productos lo duplica, sí, vivimos un boom.
Unidades más amarillas que el carenado de Valentino Rossi, con un Yasuni que suena más que una 125 de Gran Premio, modificadas con un 70 Polini, cigüeñal reforzado, carburadores cambiados, transmisiones reforzadas... Eso son auténticas joyas en movimiento, todavía.
No solo pasa con los Aerox. Esto es prácticamente extensible a cualquier scooter de la época. Nos vamos a un Honda Scoopy en cualquiera de sus versiones y no bajan de los 1.500/2.000 euros; los Peugeot Speedfight, a no menos de 1.500; hasta el Aprilia SR50 rondando los 1.000; incluso los Gilera Runner perfectísimamente preparados por más de 2.000 euros.
Está claro que no hablamos de velocidad o prestaciones, sino de una idea todavía más profunda: memoria. De esa primera moto que te daba independencia, del colega que llevaba el escape más escandaloso del barrio, de la pelea eterna entre el que montaba Yamaha Aerox y el que defendía a muerte su Peugeot Speedfight como si fuera una R1 a escala.
En una época en la que "anteriormente todo era mejor", es lo que tenemos. El mercado lo ha entendido antes que nosotros. Por eso suben. Porque no se compran solo con la cabeza, se compran con el estómago. Con la imagen de aquella tarde saliendo del instituto, con el casco mal abrochado y el depósito casi en reserva, pensando que el mundo empezaba justo al girar el puño.
Un llamamiento a las marcas... Que escuchen al mercado. Puede que dentro de diez años pase lo mismo con los primeros eléctricos (seguro que no, apostaría), pero el mundo de la moto sabe que antaño todo era mejor (a pesar de los avances obvios en seguridad y tecnología), que lo retro trae nostalgia... Y las marcas bien podrían tomar buena nota para regalarnos joyas aprovechándose del espíritu retro. Que no todo quede en una XSR900 GP o en una CB1000F.
Imágenes | DecoMotos, YouTube
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