
Tiene cama, una cocina desplegable e incluso espacio para guardar equipaje
Hay proyectos que nacen para llamar la atención y otros que simplemente buscan resolver un problema. La pequeña Vespa camper de Thomas Burick pertenece claramente al segundo grupo, aunque el resultado parezca sacado de una fotografía generada por inteligencia artificial.
La escena sorprende. Una Vespa de 1962 tira de una diminuta caravana con formas redondeadas donde caben una cama, una cocina y el equipaje suficiente para desaparecer varios días por carreteras secundarias. Y no es un prototipo pensado para una exposición: su creador la utiliza de verdad.
Con apenas 145 cc y unos 6,5 CV, cualquier kilo extra cuenta.
De hecho, Burick ya había recorrido más de 11.000 kilómetros con otra microcaravana similar antes de construir esta nueva versión.
El verdadero reto no era fabricar la caravana. Era conseguir que la Vespa pudiera moverla... Por eso todo el proyecto gira alrededor del peso. La pequeña caravana apenas marca 77 kilogramos, una cifra sorprendentemente baja para un remolque completamente habitable.
La inspiración tampoco es casual. Burick tomó como referencia las clásicas Cabin Car yanquis de finales de los años cuarenta, reduciendo sus proporciones aproximadamente una cuarta parte hasta adaptarlas al tamaño de la Vespa.
En lugar de recurrir a una estructura tradicional de madera, utilizó un chasis de aluminio combinado con paneles de espuma rígida impermeable revestidos con fibra de vidrio. Es una técnica muy utilizada entre quienes fabrican microcaravanas artesanales porque permite mantener una buena rigidez sin disparar el peso.
Pequeña por fuera. Mucho más práctica de lo que parece por dentro; el espacio está aprovechado al milímetro. Dentro hay una cama individual donde pasar la noche, compartimentos para almacenar equipaje y una pequeña cocina desplegable que convierte el remolque en una especie de vivienda portátil.
No pretende competir con una autocaravana ni con una gran camper. La filosofía es completamente distinta: viajar despacio, detenerse donde apetezca y tener siempre un lugar donde dormir sin depender de hoteles ni de montar una tienda de campaña.
Claro que todo tiene un precio y es que con semejante conjunto, la velocidad apenas ronda los 60 km/h, las cuestas obligan a tener paciencia y cada adelantamiento requiere pensárselo dos veces. Pero precisamente ahí está parte del encanto.
En Estados Unidos puede ser una curiosidad. En España sería otra historia
Ver una preparación así circulando por nuestras carreteras sería bastante complicado.
La normativa española limita el peso que puede arrastrar una motocicleta y establece que el remolque no debe superar el 50 % de la masa en vacío del vehículo tractor. Una Vespa clásica pesa alrededor de 95 kilos, así que esta pequeña camper ya partiría con un problema importante.
A eso habría que añadir todo el proceso de homologación y las inspecciones necesarias para legalizar una construcción artesanal de estas características.
Probablemente nunca llegue a verse una igual circulando legalmente por España. Pero eso no impide admirar una idea que demuestra que, cuando se trata de viajar sobre dos ruedas, todavía queda espacio para inventos capaces de sorprender incluso a quienes llevan toda la vida montando en moto.
Imágenes | Ducati
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