Honda Integra, prueba (conducción en autopista y carretera)

Ayer nos quedamos con la Honda Integra circulando por la ciudad. Este ambiente lo afronta sin problemas, aunque circules a 60 km/h en sexta velocidad, siempre tienes la sensación de que está todo bajo control. A pesar de los baches que gentilmente fabrica el ayuntamiento, o los efectos especiales que te añaden los coches que circulan por la ciudad.

Llega el momento de la verdad y enfilo una de las circunvalaciones de la ciudad. Territorio donde se nota la caballería y la firmeza de las suspensiones. Porque si estas en ciudad podrían pecar de ir un poco duras, en autovía se agradece mucho.

Volviendo al tema de la Transmisión de doble embrague y segunda generación, mientras circulamos por ciudad hemos ido enseñándole hasta dónde tiene que alargar las marchas y apurar el motor. Ahora toca apretarle las clavijas a ver que tal reacciona este bicilíndrico en paralelo. Seguro que algunos pensaréis que un motor que se acaba a 6250 rpm y que sólo da 35 kW será poco. Pues si lo que quieres es dejarte todos los puntos en el primer radar que haya probablemente lo conseguirás. Porque si circulando tranquilamente detrás de un coche a velocidades legales le abres gas de golpe, reducirás automáticamente dos velocidades y el motor empezará a rugir un poco más para demostrar que está ahí empujando y no se ha dormido.

En ciudad rodarás en el rango que va desde las 2.000 a las 4.000 rpm. Pero si sales a carretera abierta podrás pasar de esas 4.000 rpm y verás que la respuesta del motor es contundente. A 4.000 rpm, circulando en el modo D y en sexta la cifra del cuentakilómetros se irá por encima del límite genérico de una autovía. Si sigues más allá seguramente los puntos quedarán atrás. La protección aerodinámica de la pantalla es bastante buena, aunque si te agachas un poco mejorará al no darte el chorro de aire en la parte superior del casco. En el resto del cuerpo no notarás ninguna corriente de aire molesta.

Llega el momento de la verdad, carretera de curvas

La autovía está bien si vas a viajar, pero para comprobar que tal va una moto una buena carretera de curvas es imprescindible. Así que tras probar la Honda Integra en autovía me dirigí a la carretera que une El Campello con Aigües de Busot, Torremanzanas y Jijona. Un clásico de la provincia de Alicante con buen firme y curvas de todo tipo.

El primer tramo probé con la opción D. Algo inadecuado para curvas cerradas en las que llegas ligero y necesitas retención a la hora de posicionar la moto en la trazada. Si llegas demasiado rápido, frenas, la moto baja dos velocidades y sueltas los frenos. Pero en cuanto abres gas empiezas a subir marchas y pierdes el tacto del motor. Efectivamente el modo D es para rodar en carretera abierta.

Lo siguiente fue probar el modo S. Que mejora algo el tacto en general. Pero creo que no había llegado a aprenderse mi manera de conducir o quizá pretendía ir más rápido de lo que este modo permite en carreteras tan reviradas. El apoyo de la palanca que reduce marchas en la piña izquierda del manillar es perfecto, porque si la caja de cambios automática no hace su trabajo como tu quisieras, le puedes corregir sin problemas. Incluso si le pides que baje dos velocidades de golpe, en función de las revoluciones del motor te hará caso o no. Porque por encima de los deseos del conductor está la seguridad del motor, que no reducirá si esto pudiera comprometer la integridad del conjunto con un sobre-régimen.

Así que me quedaba la última opción, el modo manual y los botones del selector de marchas. He de reconocer que tras los experimentos con los otros modos fui gratamente sorprendido por el tacto de este cambio. A pesar de no contar con maneta de embrague las reducciones se hacen siempre sin problemas. Manteniendo el motor dentro de los parámetros de seguridad, pero reteniendo en las reducciones como una moto convencional. Esta es la principal ventaja de este tipo de cambios frente a un variador. Porque cuando cortas el motor retiene y te ayuda a frenar, contribuyendo dinámicamente a frenar la moto.

Las aceleraciones son casi mágicas, porque sólo tienes que abrir el gas y cuando el motor se acerca a la línea roja pulsar el botón que le permite cambiar a la siguiente velocidad. Cosa que hace sin saltos ni golpes de transmisión. Casi como si fueras Marc Márquez con la Honda RC213V las aceleraciones son fulgurantes. Entre las cinco primeras velocidades hay un escalón de unas 500 rpm, mientras que entre quinta y sexta el escalón es de unas 1000 rpm.

Por último, si decides frenar hasta parar, pero estás ocupado esquivando algo en la calzada o simplemente intentando no irte al suelo, la Transmisión de doble embrague y segunda generación se encargará de reducir suavemente hasta primera velocidad. Y tu no tendrás que tocar nada más que las manetas de freno.

Si piensas que la Honda Integra me ha gustado habrás acertado, porque creo que la tecnología de esta Transmisión de doble embrague y segunda generación es tan avanzada que casi podríamos catalogarla como magia y no equivocarnos mucho. El viernes os traeré mi valoración más concreta y la ficha técnica. Pero mañana os he preparado una especie de Bonus, con lo que probé en el Honda Day que se celebró en Alicante el pasado 25 de mayo.

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