Los psicólogos coinciden: si cada vez te da más miedo coger la moto, no has perdido la afición. Se llama amaxofobia

Miedo 8

La amaxofobia no afecta solo a principiantes ni aparece siempre después de un accidente: también puede presentarse en motoristas con miles de kilómetros

John Fernández

Hay una frase que cualquier aficionado a las motos ha escuchado alguna vez., o incluso se ha dicho a sí mismo: "Últimamente no me apetece coger la moto". Al principio parece una excusa más. Hace demasiado calor, el fin de semana está complicado, mejor salir otro día. La moto sigue limpia en el garaje y las semanas pasan sin darle demasiada importancia.

Pero llega un momento en el que ocurre algo curioso: ya no es cuestión de tiempo, tampoco de ganas. Solo pensar en salir provoca cierta incomodidad, aparecen dudas que antes no existían y cualquier motivo parece suficiente para dejar la llave donde está. Muchos creen que simplemente han perdido la afición, pero los psicólogos lo llaman amaxofobia.

No es perder la afición: puede ser un miedo que pasa desapercibido

Los psicólogos explican que, en algunos casos, puede estar ocurriendo algo completamente distinto; la amaxofobia es una fobia específica relacionada con la conducción. No consiste en tener respeto por la carretera o conducir con prudencia, sino en experimentar un miedo intenso que acaba condicionando el comportamiento de quien la sufre.

Ese miedo puede aparecer al conducir, al pensar en conducir o incluso al viajar como pasajero. Y suele manifestarse con síntomas muy parecidos a los de cualquier episodio de ansiedad: sudoración, taquicardia, tensión muscular, respiración acelerada o sensación de bloqueo.

La Cleveland Clinic y publicaciones especializadas como Verywell Mind describen la amaxofobia como un trastorno de ansiedad que puede afectar a cualquier conductor, independientemente de su experiencia. Lo curioso es que muchas personas nunca llegan a ponerle nombre.

Uno de cada tres conductores reconoce sentir miedo al volante en determinadas situaciones. Existe un dato que suele repetirse mucho, aunque a menudo se interpreta mal: según información recopilada por AECA-ITV a partir de estudios sobre seguridad vial, entre un 28 % y un 33 % de los conductores españoles reconoce sentir miedo o ansiedad al conducir en determinadas circunstancias.

Eso no significa que uno de cada tres padezca una fobia clínica, significa que muchas personas sienten un temor importante cuando circulan de noche, bajo la lluvia, por autopistas, atraviesan túneles o vuelven a conducir después de un accidente.

En el caso de las motos no existen grandes estudios específicos que permitan conocer cuántos motoristas sufren amaxofobia. Sin embargo, los especialistas consideran que los mismos mecanismos psicológicos pueden aplicarse también a quienes se desplazan sobre dos ruedas.

La moto añade un ingrediente que el cerebro nunca olvida: la vulnerabilidad. Y es que hay una diferencia evidente entre conducir un coche y una moto; en un turismo existe una carrocería, airbags, cinturones y diferentes elementos de protección. En una moto, el conductor queda completamente expuesto al entorno.

La Administración Nacional de Seguridad del Tráfico de Estados Unidos (NHTSA) recuerda que el riesgo de sufrir lesiones graves o fallecer es considerablemente superior para un motorista que para un ocupante de un turismo, y el cerebro procesa esa información incluso cuando no somos plenamente conscientes de ello.

Por eso no hace falta haber sufrido una caída para desarrollar miedo; presenciar un accidente, pasar un gran susto, dejar la moto parada durante años o incluso exponerse continuamente a noticias sobre siniestros puede generar una asociación automática entre moto y peligro.

Y ahí empieza el problema: muchos veteranos dejan la moto sin saber realmente por qué, quizá el aspecto más llamativo de la amaxofobia es que no distingue entre principiantes y motoristas experimentados.

Psicólogos especializados en ansiedad describen consultas de personas con veinte años de experiencia, miles de kilómetros recorridos y una técnica impecable. Resulta que su problema no está en las manos, sino en la cabeza.

La amaxofobia suele alimentarse de un mecanismo muy sencillo: evitar la moto hace que la ansiedad desaparezca de inmediato, y el cerebro interpreta esa sensación de alivio como una forma de protegerse. El problema es que cada vez resulta más difícil volver a montar, hasta que una simple salida de domingo acaba convirtiéndose en una situación que genera un miedo desproporcionado.

La parte positiva es que los especialistas consideran que es una de las fobias que mejor responde al tratamiento. La terapia cognitivo-conductual y la exposición progresiva permiten recuperar poco a poco la confianza, mientras que nuevas herramientas como la realidad virtual ya están demostrando buenos resultados para reducir la ansiedad antes de regresar al tráfico real. Porque, en muchos casos, el motorista no ha perdido la afición: simplemente, su cerebro ha aprendido a ver la moto como una amenaza.

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