Un centenar de vecinos de Seña salió a parchear con grava los baches de su carretera ante la falta de actuación de la administración
Hay una popular frase, fruto del discurso de un líder político colombiano, que dice así: "El pueblo unido jamás será vencido". Bueno, pues en cierto modo es lo que ha pasado en Cantabria. Porque hay ciertas historias que parecen sacadas de otro país, pero no, ha pasado aquí, en España.
En Seña, una pequeña pedanía entre Limpias y Laredo, la escena es tan surrealista como real: un centenar de vecinos saliendo con palas, grava y chalecos reflectantes para arreglar su propia carretera. No por gusto, sino porque la administración lleva meses sin resolver un problema que afecta directamente al día a día, tal y como reseña El Diario Montañés.
Baches, grava y abandono
Según la citada fuente, todo ocurrió durante el Viernes Santo, cuando decidieron pasar de las quejas a la acción. El mensaje lo resume todo: "Si no lo hace nadie, lo hacemos nosotros".
Bueno, pues allá que fueron los vecinos. Se trata de una carretera que conecta Laredo, con tráfico real, con curvas, doble sentido y uso diario. El tramo afectado apenas llega a los 3,5 kilómetros, pero es importante, y no solo porque conecta los dos pueblos, sino porque es el único acceso a una urbanización y durante meses ha sido incluso una ruta escolar.
El problema viene de lejos, según El Diario, porque las obras arrancaron en 2024, pero según cuentan estos vecinos, se quedaron paradas, con el consecuente problema que ello supone; porque sí, la vida seguía, y la carretera seguía deteriorada.
¿Qué hicieron los vecinos? Tapar los peores baches con grava. Aunque un parche provisional, evidencia el problema y hasta dónde llegan ciertas situaciones sin ni siquiera salir de nuestro país.
Para una moto el cóctel es importante, por ejemplo. Es peligroso rellenar con gravilla un parche porque no deja de ser grava suelta, traicionera, y te puede hacer perder la adherencia, ruedas que flotan y tener cero margen de error en una curva para clavar freno, por ejemplo.
Más allá de la potente imagen de un centenar de vecinos unidos para arreglar una carretera como si fuese una obra particular, hay una cuestión de fondo: la desconexión total entre quien usa la vía y quien debería mantenerla.
Los vecinos hablan directamente de "dejadez" y "pasotismo", siempre según recoge El Diario Montañés. Y mientras tanto, las consecuencias son muy concretas: rutas escolares desviadas, niños esperando en cunetas, 20 minutos extra en desplazamientos y una carretera cada vez más deteriorada.
Que cien personas se organicen para arreglar una carretera ya es noticia. Pero lo realmente llamativo es que lo hagan porque no les queda otra, y eso, en pleno 2026 en España, deja una pregunta bastante incómoda en el aire:¿en qué momento mantener el asfalto ha pasado a depender de los propios usuarios?
Imágenes | Motorpasión y Unsplash
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