
Además de refrescar las ciudades, este firme mejora el drenaje, reduce el aquaplaning y puede disminuir el esfuerzo del aire acondicionado de los vehículos
El asfalto negro ha sido el material por excelencia para construir calles y carreteras... es resistente, relativamente barato y sencillo de mantener. Sin embargo, con las olas de calor cada vez más frecuentes, también ha quedado al descubierto uno de sus mayores inconvenientes: almacena una enorme cantidad de energía solar. Marruecos sabe de eso.
Cuando el termómetro ronda los 40 ºC, la superficie del asfalto puede superar con facilidad los 60 ºC. Ese calor se libera lentamente durante horas y convierte las ciudades en auténticas islas térmicas, elevando la temperatura incluso cuando cae el sol. Es precisamente ese problema el que Marruecos quiere empezar a combatir desde el propio suelo.
El agua se convierte en un sistema natural de refrigeración
Ciudades como Marrakech o Agadir ya están incorporando pavimentos permeables y porosos que, además de soportar el tráfico, permiten que el agua penetre en el terreno en lugar de acabar directamente en el alcantarillado.
La diferencia respecto al asfalto convencional está en su funcionamiento. ¿Como? Mientras un firme tradicional es prácticamente impermeable, este nuevo pavimento actúa como una enorme esponja de tal manera que el agua de lluvia atraviesa la superficie y queda almacenada en las capas inferiores del terreno.
Posteriormente, parte de esa humedad se evapora de forma natural. Ese proceso consume calor del entorno y consigue reducir la temperatura del pavimento y del aire que lo rodea, disminuyendo el conocido efecto isla de calor que sufren muchas ciudades durante el verano.
Además, el sistema ayuda a absorber mejor las lluvias intensas, limita la acumulación de agua en superficie y favorece la recarga de pequeños acuíferos urbanos. Algunos proyectos incluso estudian utilizar agua regenerada para mantener húmedo el subsuelo durante los meses más secos y prolongar ese efecto refrigerante.
Aunque pueda parecer una actuación puramente urbanística, sus efectos también llegan a quienes circulan en moto, coche, o lo que sea. El asfalto convencional absorbe entre el 80 % y el 95 % de la radiación solar, lo que provoca que neumáticos, suspensión y resto de componentes trabajen sobre un firme extremadamente caliente.
Reducir esa temperatura ayuda a mantener unas condiciones más estables sobre la calzada. También limita el calentamiento de los neumáticos, reduce el estrés térmico al que se someten y evita que el betún pierda parte de su rigidez durante los episodios de calor más intenso.
Cuando llueve, además, estos pavimentos evacúan el agua con mucha mayor rapidez, disminuyendo la lámina superficial y reduciendo el riesgo de aquaplaning... El aquaplaning que en moto es mortal.
Existe otro beneficio menos evidente: si el suelo irradia menos calor hacia el entorno, el habitáculo del vehículo también recibe menos temperatura desde el exterior.
Eso significa que el sistema de climatización necesita realizar un esfuerzo ligeramente menor para mantener el interior fresco, algo especialmente interesante en los coches eléctricos, donde cualquier reducción del consumo del aire acondicionado puede traducirse en algunos kilómetros extra de autonomía.
España ya experimenta con soluciones similares
La idea no es exclusiva de Marruecos... Aquí, en España, los pavimentos drenantes llevan años utilizándose en determinadas autopistas para mejorar la evacuación del agua y aumentar la seguridad cuando llueve. Sin embargo, su objetivo nunca ha sido combatir el calor urbano.
En paralelo, distintos proyectos de investigación trabajan en los denominados "asfaltos fríos". Uno de ellos, LIFE HEATLAND, desarrollado junto al Centro Tecnológico de la Construcción de la Región de Murcia, ha ensayado mezclas capaces de reducir hasta 15 ºC la temperatura de la superficie y rebajar alrededor de 2 ºC la temperatura ambiente gracias a una mayor reflexión de la radiación solar.
Puede parecer una diferencia pequeña, pero en ciudades donde cada verano se baten récords de temperatura, cualquier descenso ayuda a mejorar el confort y reduce el impacto del calor sobre personas, vehículos e infraestructuras.
Con el clima cambiando a ambos lados del Mediterráneo, el futuro de nuestras carreteras y calles podría pasar por algo tan simple como dejar atrás el tradicional asfalto negro.
Imágenes | KTM
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