MV Agusta 750 Twin-Turbo: la moto de 1975 con doble turboalimentación y tecnología de cohete

Nos encanta hablar de prototipos. Quizás sea porque son modelos irreverentes, absurdos o alguna vez espectaculares, con una concepción mecánica única y un diseño digno de mostrar en un museo.

Esta vez traemos la MV Agusta 750 Twin-Turbo, una moto de 1975 que se intentó subastar en el Salón Retromóvil el pasado 9 de febrero por un precio que la casa Art Curial estimó entre los 140.000 y 220.000 euros, pero que finalmente se quedó sin comprador.

La cosa va de turbos

No es muy común hablar de turbos en motos, sobre todo en la actualidad. Pero en el siglo pasado, sobre todo al principio de los años 80, algunas marcas y preparadores sí que se animaron a probar con los motores sobrealimentados.

Esta MV Agusta 750 Twin-Turbo de 1975 es el súmmum de la locura de los años 70. Esta moto concebida como un prototipo incluyó la turboalimentación por partida doble, con uno dedicado para el rango bajo de revoluciones y otro para el alto, intentando romper el turbo lag típico de los motores pequeños sobrealimentados.

Esta doble configuración tuvo una contrapartida inmediata: la temperatura de funcionamiento era disparatada. Los diseñadores tuvieron que recurrir entonces a soluciones poco vistas en el motociclismo y adaptaron el revestimiento de plasma como alternativa, una tecnología procedente de los motores de cohetes. La técnica consiste en la disipación del calor, tanto en los propios turbos como en la culata.

Sus cuatro cilindros en línea se modificaron hasta conseguir la cifra de los 830 centímetros cúbicos. Los pistones, las bielas y las válvulas de admisión se fabricaron con titanio y también recurrieron al plasma para evitar el excesivo calor de sus piezas. El cárter del aceite se amplió y se desarrolló una bomba de aceite especial instalada para el sistema turbo.

Con todas esas modificaciones, este prototipo llevaba un motor que se aproximaba a una potencia máxima de 150 CV y que podía girar hasta las 10.000 revoluciones por minuto. Con estas cifras, no sorprende que su velocidad máxima alcanzase los 300 km/h.

Como era de esperar, esta concepción fue tan disparatada e irracional que el prototipo nunca llegó a convertirse en un modelo de calle o competición. La tecnología empleada era tan sumamente cara que la empresa de Varese desterró por completo las ideas utilizadas para convertirse ahora en un extraño objeto de coleccionistas, aunque de momento parece que no ha levantado el suficiente interés.

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