
La pregunta ya no es si un ciclomotor es peligroso; la pregunta es si un smartphone lo es menos.
¿Está el mundo yendo al revés? Puede, porque hace un tiempo (casi ya remoto) cumplir años significaba algo muy concreto: libertad. Era la edad en la que te podías sacar aquel carnet para tener ciclomotor y dejar depender de tus padres. Casi todos con 16 (antes, para los más 'vintage', con 14, aunque la DGT lo cambió después).
Desde un Yamaha Aerox hasta cualquier otro scooter molón de 50, para muchos adolescentes españoles aquella pequeña moto era algo más que un medio de transporte. Y eso creó una auténtica escuela de moteros que pasaron a motos grandes. Hoy se pelean por un móvil y un patinete eléctrico.
El ciclomotor tiene un problema: sus riesgos son visibles, el móvil no
Hay que saber definir una línea entre el materialismo y el realismo en la vida; la moto no es un objeto materialista, puede ser hasta espiritual, depende para quien y como se perciba. El caso es que antes, ese objeto marcaba la entrada en al adolescencia, y tenía dos ruedas y gasolina. Ya no...
Ahora tiene cámara, conexión a internet y un acceso a redes sociales a las que todos están enchufados permanentemente, o esa es la sensación. Eso abre un debate cada vez más grande: ¿es realmente más peligroso un ciclomotor que un smartphone?
Objetivamente, un ciclomotor o cualquier otra moto generan respeto porque sus peligros se ven y hasta se sienten: circular por carretera, compartir espacio con coches, camiones y buses, casco, normas, responsabilidades... Y si conduces mal, teníamos (y tenemos) por seguro que había consecuencias inmediatas. Para muchos padres ese riesgo de ver a su chaval o chavala de 14 años en el tráfico de su ciudad era hasta prohibitivo; eso es algo que entendimos con el tiempo.
Pero esa misma exposición al mundo real también obliga a desarrollar habilidades que no aparecen detrás de una pantalla. Nos explicamos: con un smartphone por el que todos se pirran ocurre lo contrario: tiene acceso en segundos a redes sociales, vídeos, mensajería instantánea y contenidos que hace apenas unos años estaban fuera del alcance de un adolescente..
Así, la imagen es la siguiente: mientras que un ciclomotor obliga a prestar atención a lo que ocurre alrededor, un teléfono móvil puede absorber completamente la atención durante horas. Ahí aparece un fenómeno que preocupa especialmente a especialistas y familias: la comparación constante con amigos, influencers, estilos de vida aparentemente perfecto, cuerpos, viajes y experiencias... El riesgo es mucho más complicado de detectar.
Quizá la diferencia más importante entre ambos está en las consecuencias: con un ciclomotor todo era directo (si llegas tarde, llegas, si no echas gasolina, no circulas, si aparcas mal, una multa). El móvil va de otra manera: las consecuencias llegan mucho más tarde y a veces, ni siquiera son tan evidentes.
Por eso algunos padres que crecieron con un ciclomotor empiezan a plantearse una reflexión curiosa: quizá el vehículo de 50 cc no era solamente un capricho adolescente. También era una herramienta para aprender autonomía.
Quizá la verdadera pregunta sea cuál de ellos enseña mejor a un adolescente a asumir responsabilidades, gestionar su propia libertad y enfrentarse al mundo real. Y en ese debate, aquel viejo "cincuenta" que tantas generaciones soñaron con tener todavía conserva algunos argumentos muy difíciles de ignorar.
Definitivamente, nos hacemos viejos.
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