Así fue la aventura de Mikel Louvelli y su scooter en la Basella Race... Sí, a lo loco!!

Si os acordáis, hace un par de días hablamos de la participación de un scooter en un sitio tan inverosímil a primera vista como la Basella Race 1. Dicen que si te crees bueno en algo, siempre hay un chino que lo hace mejor, y si crees que ya lo tienes todo visto, siempre aparece alguien que te deja los ojos como platos. Y así nos dejo Mikel Louvelli cuando vimos su aventura.

Pero como ocurre siempre y por eso nos diferenciamos, somos muy culo inquieto. Y no nos podíamos quedar con los datos superfluos que se leen en todos los sitios así que, tal y como os dijimos, nos pusimos en contacto con el propio Mikel para que nos contase su aventura. ¡Y vaya aventura amigos! Tomad asiento y poneros cómodos, que arrancamos una historia de las buenas.

Mikel Louvelli: haciendo lo imposible, posible

No penséis que estamos hablando de un chaval. Mikel Louvelli ya peina canas (con cariño) pero es de esos quemados, pero quemados quemados de las dos ruedas que de vez en cuando te encuentras por ahí. ¿Verdad que sí Pelayo? Fue campeón de Euskadi de ciclomotores con una Mobilette MTR, compite asiduamente en el trofeo nacional de resistencia en Vespa, lleva toda la vida haciendo enduro...

El scooter es un Frankenstein en toda regla como el de Mary Shelley, porque en él encontramos un montón de motos y soluciones diferentes. Conjuntamente con Luis, el jefe de taller de Piaggio en Irún, decidieron crear la bestia que podéis apreciar en las fotos.

La base es una Gilera Typhon 125 2t de 1996. El chasis está hecho con la parte trasera de la propia Typhon mientras que a la delantera, se le ha adaptado la de una Gilera Runner 180. La horquilla procede de una Piaggio X9 mientras que el motor viene de un Piaggio Skipper 150 2t al que se le ha colocado un variador, embrague, campana y correa de la marca italiana Polini.

Su decoración viene a recordar a las que en su día participaron en el Campeonato Italiano de Scooter Cross, pero ya no hay más referencias hacia la marca italiana ya que aunque veáis pegatinas de Polini y demás, es una apuesta personal de su creador y, como mucho como él mismo dice: me hice autopublicidad ya que soy importador de Polini.

Como os podréis imaginar, conseguir que todas las piezas trabajen juntas y no que cada una se fuese por su lado requirió un montón de horas y quebraderos de cabeza tanto a Luis como a Mikel, sin contar los miles de apaños que tiene. Eso sí, en palabras de su propietario va como un tiro, pero siendo consciente de sus limitaciones.

Precisamente la moto ha tenido que ser puesta a punto pensando en la Basella Race 1 y por lo tanto, difiere mucho de las que en su momento se pudieron ver corriendo la Baja Aragón. Allí son pistas más o menos rotas pero en la Basella el reto son las trialeras y los vadeos de río. Así, el scooter no supera los 80 km/h pero por el contrario, con esfuerzo y técnica es capaz de subir por sitios que ni nos creeríamos.

Mikel Louvelli: su aventura en la Basella Race 1

Gracias a ello consiguió completar la vuelta completa el sábado pero por desgracia, no pudo participar el domingo ya que en la jornada anterior se le estropeó el regulador y debido a ello, mandó una sobrecarga a la batería que literalmente la frió llegando incluso a sacar humo de debajo del asiento (por suerte le avisaron, si no habría sido mucho más grave).

No hubiese sido demasiado terrible en un scooter normal, pero en ella, arrancar a pedal es muy complicado. Y eso que acabó teniendo que hacerlo a partir del kilómetro 50 (de los 70 en total) debido a la avería. Algo que además se le complicaba mucho más ya que el pedal de arranque estaba mirando para Cuenca después de haberse lanzado por un cortado de unos cuatro metros que había en el recorrido.

A la avería eléctrica hubo también que añadir que llegó al final de la vuelta con el escape colgando con los tres silenblocks que lo sujetan rotos. Es por ello que Mikel se dio por satisfecho y en vez de reparar para el día siguiente, decidió descansar y disfrutar de la machada que había conseguido.

Llevaba mochilero, por supuesto, Jordi Esteve. Pero no os vayáis a pensar que con una enduro de la leche. No, con una Rieju de 80. Son muy amigos y ya se sabe, Dios los cría... Pero ojito que esa Rieju hizo segunda el domingo en clásicas así que el que haya atisbado una sonrisa en la comisura de los labios, ya la está borrando inmediatamente.

Comparativamente las dos motos, en terreno liso iban a la par. Claro que cuando aparecían las trialeras y los baches, era otro cantar. Podemos decir que Mikel tiene el culo pelao de hacer enduro, y el mismo nos confesaba que jamás se había cansado tanto, que había terminado completamente molido.

Si hasta ahora no os habéis quedado impresionados con el relato, tranquilos, que lo mejor está por llegar. Poneros en su piel, lleváis 68 kilómetros de sufrimiento. Os quedan dos pero ni máquina ni piloto responden ya y estáis apunto de abandonar, tanto porque la mecánica está diciendo basta como vuestras propias fuerzas.

Levantáis la cabeza y delante os encontráis un río de unos 30 cm de profundidad, justo la altura a la que se encuentra la bujía. Malas perspectivas sobre una moto echa para andar por ciudad ya que además donde ya se sale del río se ha creado una poza. Minutos de reflexión y llega Jordi Esteve a su lado que le planta un: qué Mikel, ¿te atreves?

¿Qué es lo peor que le pueden decir a uno? Efectivamente: ¿qué, no hay huev..? Justo en ese momento además, al otro lado del río, uno de los comisarios ve a Mikel sobre el scooter y empieza a gritar: ¡DALE! ¡DALE! ¡DALE! Y la gente, que levanta la cabeza y ve quién está al otro lado, se unen a los vítores.

¡EL DEL SCOOTER! ¡DALE, DALE, DALE!

Y como si de Javier Sotomayor frente al salto de altura se tratase, a Mikel no se le ocurre otra cosa que levantar los brazos y empezar a pedir ánimo al público. Ya está liada y ya no hay vuelta atrás. O pasaba o ya podía llevárselo la corriente hasta el mar después de tener a todo el mundo pendiente.

Gana metros hasta la entrada al río, unos cuatro metros. Gas a fondo, culo para atrás y que sea lo que tenga que ser. Los primeros metros ni tocó el agua, un aquaplaning a lo Iván Cervantes hasta llegar antes de la bañera donde tiro del manillar hacia arriba consiguiendo que pasase la rueda delantera.

Pero la parte trasera se hundió y con el escape debajo del agua, la moto se paró al no poder salir los gases. Entre dos comisarios lo sacaron del agua porque le quedaba metro y medio... ¡Y pasó para luego arrancar de nuevo!

Los gritos de la gente y la enorme satisfacción de Mikel Louvelli debajo del casco eran inmensos. Pero todo ello gracias al trabajo bien hecho y meditado antes en el taller ya que la toma de aire elevada, el mimo en sellar absolutamente todo, la pipa de silicona que impidió la entrada de agua al motor. Todo funcionó a las mil maravillas.

Y así fue como Mikel Louvelli terminó la vuelta en la Basella Race 1 y con ello el reto que se había planteado. Pero ojo porque alguien así no se está tranquilo y ya me ha dicho que en su cabeza ya está maquinando la que armará el año que viene...

No quiero finalizar sin dar las gracias a Mikel por su tiempo y por contarnos su aventura, difícil de imaginar y por la que lo felicitamos. Así mismo hacemos extensa la dedicación de esta proeza a su abuela, que fallecía tres días después a la edad de 102 años.

¡Un grande Mikel, eres un grande!

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