La Honda NSR 500 no solo ganó carreras y títulos: fue la referencia técnica y deportiva del Mundial de 500 durante casi veinte años
Dominar durante veinte años en algo suena a exageración. A algo que solo pasa cuando se mira el pasado con nostalgia. Pero hubo una moto que lo hizo de verdad, carrera a carrera, título a título, adaptándose a reglamentos, pilotos y épocas distintas sin dejar de ganar.
Se llamaba Honda NSR 500 y fue mucho más que una dos tiempos rápida: fue el eje alrededor del que giró el Mundial de 500 durante casi dos décadas.
La moto que convirtió la evolución constante en su mayor arma para dominar
Honda llevaba tiempo buscando una sucesora clara para sus tricilíndricas cuando a mediados de los años '80 puso en pista un prototipo radicalmente distinto. Bastidor perimetral de aluminio cuando todavía muchos rivales seguían confiando en tubos de acero, un motor V4 compacto, ligero y diseñado para girar más alto que nadie, y una obsesión casi enfermiza por el reparto de pesos. La NSR no solo quería correr más, quería hacerlo mejor en todos los frentes.
Desde el primer momento dejó claro que aquel concepto tenía recorrido. Incluso cuando aún arrastraba problemas de temperatura o de carburación, la base era tan sólida que permitía ganar carreras mientras se afinaban los detalles. No era una moto fácil ni dócil, pero sí una plataforma que aceptaba evolución constante, algo clave en un campeonato donde lo que hoy funciona mañana ya es viejo.
Y Honda no dejó de evolucionarla. Cambió ángulos del motor, rediseñó admisiones, buscó más tracción cuando la potencia empezó a rozar cifras absurdas y convirtió la NSR en una moto cada vez más explosiva, pero también más eficaz saliendo de las curvas. Lo que empezó siendo una dos tiempos puntiaguda terminó siendo una máquina capaz de transmitir casi 200 CV al asfalto sin ayudas electrónicas modernas, con apenas 135 kilos y sin freno motor que ayudase a frenar el conjunto.
Por su asiento pasaron algunos de los mejores pilotos de la historia. Freddie Spencer, Wayne Gardner, Eddie Lawson. Luego llegó Mick Doohan y convirtió la NSR en un martillo. Cinco títulos consecutivos no fueron fruto de una moto perfecta, sino de una moto que Honda supo adaptar a un piloto que pedía tracción, estabilidad y confianza para empujar siempre un poco más. Más tarde llegarían Alex Crivillé y Valentino Rossi, ya con versiones afinadísimas que exprimían hasta el último resquicio del reglamento.
La NSR también tuvo una cara menos conocida, la versión V2. Más ligera, menos potente y pensada para equipos privados o pilotos procedentes de cilindradas inferiores. Sobre el papel tenía sentido: menos peso permitido, costes más controlados y una entrega más aprovechable. En la práctica, la brutalidad y eficacia de la V4 acabaron eclipsándola. Era competitiva, sí, pero el listón estaba demasiado alto.
Su despedida fue casi simbólica. En 2002, mientras Honda estrenaba la RC211V de cuatro tiempos, la NSR aún fue capaz de plantar cara en algunas carreras. Un proyecto maduro frente a una revolución técnica. Pero el futuro ya estaba decidido y la era de las dos tiempos tocaba a su fin.
Cuando se repasan sus números, impresionan. Cuando se repasa su longevidad, aún más. Pero lo realmente extraordinario de la Honda NSR 500 no son las estadísticas, sino haber sido relevante, ganadora y temida durante casi veinte años en un campeonato donde sobrevivir cinco ya es un logro. Eso no lo hace una moto rápida. Lo hace una moto histórica.
Imágenes | Box Repsol, MotoGP
En Motorpasión Moto | El hombre que salvó a Moto Guzzi de la ruina trabajaba en gayumbos y tenía tanto calor que escapó a Noruega. Acabó inventando la moto más bestia
Ver todos los comentarios en https://www.motorpasionmoto.com
VER 2 Comentarios